Durante más de dos décadas, la evolución de la tecnificación agrícola en regiones de clima adverso en México ha sido un tema de interés. Las zonas desérticas y semiáridas del norte del país, así como regiones de clima templado y frío, reflejan la necesidad de modernización agrícola. Agricultura protegida, riego tecnificado y digitalización son esenciales para el desarrollo agroindustrial global.
Esta transformación avanza con sistemas computarizados de control climático, sensores, inteligencia artificial y energías alternativas como los paneles solares. La transición hacia fuentes energéticas propias se hace inevitable debido a la presión sobre las redes de energía tradicional.
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La agricultura protegida es clave para la demanda alimentaria y genera empleo calificado, impulsa cadenas de valor y mejora la competitividad exportadora. En México y otros países, esta actividad representa uno de los motores potenciales para la modernización rural.
Las bases modernas incluyen invernaderos, túneles y mallas que estabilizan el microclima, reduciendo riesgos por plagas y climas extremos. Sistemas de cultivo sin suelo, como hidroponía y aeroponía, optimizan el uso del agua y nutrientes, evitando la degradación del suelo. La agricultura vertical ofrece altos rendimientos en espacios reducidos con luz LED, aunque es altamente dependiente de energía.
La FAO estima que sistemas hidropónicos reducen el consumo de agua entre 80 y 90% comparado con la agricultura tradicional. Tecnologías digitales como sensores, inteligencia artificial, riego automatizado y drones permiten decisiones más precisas, reducen pérdidas y mejoran la rentabilidad.
La agricultura protegida transforma la productividad y el desempeño ambiental del sector. Ofrece mayores rendimientos en menos superficie, un uso de agua reducido, menor aplicación de pesticidas y menos pérdidas poscosecha. Sin embargo, su viabilidad depende de acceso a energía limpia y asequible.
En el ámbito global, países como los Países Bajos e Israel han demostrado que la combinación de tecnología y calidad consistente pueden hacer de una nación un exportador potente. México tiene proyectos en distintas regiones, la mayoría desarrollados con capital privado.
Para competir globalmente, México necesita financiamiento moderno. Países líderes han creado instituciones de apoyo a la exportación y a la innovación agrícola. México requiere una banca de desarrollo con visión global para ofrecer instrumentos financieros que faciliten la adopción tecnológica.
Impulsar la modernización agropecuaria requiere energía limpia, créditos accesibles y garantías públicas. El fortalecimiento de BANCOMEXT, capacitación tecnológica y clústeres hortícolas son fundamentales, así como políticas que respalden a productores internacionales.
La agricultura protegida, como infraestructura productiva del siglo XXI, es crucial para lograr un nuevo desarrollo rural en México. La pregunta es cuánto tiempo más se puede posponer esta transformación histórica
Fuente: concienciapublica.com.mx