Inés Eugenia García, profesora de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, participó en el III Congreso Federal "Argentina Agrega Valor en Origen" destacando la relevancia de la bioeconomía centrada en la salud del suelo y las interacciones microbianas para una agricultura sustentable y competitiva en Argentina. Durante su intervención, García subrayó que "este nuevo paradigma de la bioeconomía comienza con la salud del suelo y las interacciones microbianas".
La bioeconomía se describe como una integración de agricultura sustentable e industrialización inteligente. García explicó la importancia del suelo como un ecosistema donde las raíces de las plantas interactúan tanto con microorganismos benéficos como patógenos. Esta interacción es fundamental para mejorar la nutrición y la defensa de las plantas.
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García clasificó los microorganismos en tres grupos: los benéficos que promueven el crecimiento de las plantas; los patógenos, que pueden afectar la salud de los cultivos; y los minoritarios, relacionados con enfermedades en animales y humanos. Enfatizó que para lograr sostenibilidad, el foco debe estar en los microorganismos benéficos, los cuales pueden reducir el uso de insumos químicos y mejorar los sistemas productivos.
La rizosfera, la zona cercana a las raíces, es descrita por García como uno de los ecosistemas más dinámicos, donde las interacciones permiten mejores estrategias agrícolas. La transición del paradigma químico a uno basado en bioeconomía implica aprovechar el potencial de microorganismos y reducir el impacto ambiental, sin comprometer la salud del ecosistema.
Según García, las micorrizas y ciertas bacterias desempeñan roles cruciales. Las micorrizas facilitan la absorción de nutrientes y la comunicación de riesgos patógenos, y las bacterias fijadoras de nitrógeno transforman el nitrógeno atmosférico en formas asimilables por las plantas, disminuyendo la necesidad de fertilizantes químicos.
El control de enfermedades mediante microorganismos benéficos es una línea de trabajo en el laboratorio de García, que se centra en mejorar la nutrición y la defensa de las plantas mediante micorrizas, promover el crecimiento en cultivos, y utilizar colecciones de microorganismos nativos para controlar enfermedades específicas.
García resaltó la importancia de la colaboración entre la academia y la industria en la consolidación de la bioeconomía como un modelo que reduce los impactos ambientales, aumenta la eficiencia y fortalece la sustentabilidad. Este enfoque no es casual: se basa en un conocimiento detallado de las interacciones planta-microorganismo.
Los beneficios de la bioeconomía incluyen la reducción de agroquímicos, el aumento de la productividad y calidad de los cultivos, y el fortalecimiento de la resiliencia agrícola a largo plazo. La integración de educación e investigación es vital para el avance de este paradigma.
Fuente: agroempresario.com