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El club social del cannabis abre sus puertas mientras el mercado maltés toma forma

Cuando el dispensario de Kearney Attard aún estaba en la mesa de dibujo, el objetivo era la precisión. Normas de calidad farmacéutica, diseño modular y una visión a largo plazo basada en el cumplimiento y no en la exageración. Hoy, el proyecto ha pasado de la teoría a la práctica. "Estamos plenamente operativos y abiertos a los miembros", afirma Kearney. "Y nos va muy bien".

La instalación ya ha realizado entre cinco y seis cosechas, y las reacciones de los afiliados han sido alentadoras. Al mismo tiempo, Kearney tiene claro que el modelo cannábico de Malta aún está encontrando su ritmo. "El mercado europeo es totalmente diferente al norteamericano", afirma. "No creo que Malta se congele como hizo Ámsterdam con las variedades clásicas. Va a ser más dinámico, con la llegada de tendencias".

La educación antes que las tendencias
Lo que se hizo evidente casi inmediatamente después de la apertura es el vacío de conocimientos en torno a la genética. Según Kearney, muchos socios todavía navegan por el cannabis a través de viejas categorías en lugar de entender lo que realmente están consumiendo. "En los dos primeros meses, vimos que la gente no se fija realmente en el linaje", explica. "Vienen por el nombre. Sigue siendo el pensamiento indica-sativa, y quiero cambiar eso".

Por eso, la educación se ha convertido en una de las misiones centrales del club. Los menús evolucionarán, no solo para introducir nuevas genéticas, sino para ayudar a los socios a entender los perfiles de terpenos, los efectos y la intención de cultivo. "Es un gran reto para nosotros, pero también una responsabilidad", afirma Kearney. "Si queremos que los estándares mejoren, el conocimiento también tiene que mejorar".

© Kearney Attard

La genética, no la flor, como modelo de exportación
Aunque la empresa opera localmente en el marco sin ánimo de lucro de Malta, sus ambiciones se extienden mucho más allá de la isla. El objetivo es exportar la columna vertebral intelectual y operativa de la empresa. "Queremos exportar la marca, la genética, las semillas y el concepto de la operación".

Ese planteamiento ya ha abierto puertas a escala internacional. Kearney trabaja con socios de Europa, Sudáfrica y Panamá. "Con la red que estamos construyendo, hay muchas oportunidades", afirma. "Cualquier cosa que desarrollemos internamente y podamos ofrecer a otros productores, ahí es donde está el valor".

Crear una marca basada en la genética
Gran parte de ese valor reside en la genética. Julien Lorry, propietario de TH Seeds, se ha incorporado a tiempo completo, aportando una gran experiencia en producción de semillas y abastecimiento global. El equipo también colabora estrechamente con criadores internacionales y trabaja con genéticas inéditas de colaboradores de alto nivel. "Ya hemos cosechado algunas de ellas", afirma Kearney. "Ahora estamos construyendo la marca a su alrededor".

La comercialización sigue estando muy restringida, lo que obliga a la operación a crecer a través de la reputación más que de la visibilidad. "Tenemos que ser muy cuidadosos con lo que decimos en términos de marketing", señala. "Así que la mayor parte del trabajo pesado lo hará la calidad de nuestra genética".

Un mercado que aún se está definiendo
A pesar de las limitaciones del marco maltés, Kearney es optimista sobre la dirección que está tomando el país. "Tenemos mucha suerte de contar con un gobierno proactivo y una autoridad cannábica fuerte", afirma. "Están trabajando con los clubes e intentando regular esto adecuadamente".

Señala mejoras visibles en toda la isla, desde flores de mayor calidad hasta procedimientos operativos más estructurados entre los clubes. "Me alegra ver que los colegas empujan los límites", dice. "El mercado es lo bastante grande para todos los que quieran participar, ya sea trabajando para un club o abriendo una pequeña organización sin ánimo de lucro".

Aun así, el ritmo importa: "Éste no es un mercado comercial", añade Kearney. "Hay limitaciones, y avanzar tiene que ocurrir en el momento adecuado y de la forma adecuada".

Perfeccionar la operación
Para la empresa, la siguiente fase no es tanto de expansión como de perfeccionamiento. El objetivo es alinear los objetivos diarios, mensuales y anuales en un sector en el que la biología rara vez sigue hojas de cálculo. "La horticultura lo hace muy difícil", admite Kearney. "Pero precisamente por eso se construyen normas".

La construcción de la zona ampliada comenzará en las próximas semanas. Con ella llega un compromiso más profundo con la genética, la producción sin disolventes y la disciplina operativa. "Si queremos que este movimiento perdure en la siguiente fase del sector", afirma Kearney, "la calidad y la coherencia tienen que ser lo primero".

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