La agricultura intensiva bajo invernadero avanza de forma sostenida en el extremo norte de Chile. En la región de Arica y Parinacota, una de las zonas más áridas del planeta, la horticultura protegida se ha consolidado como un sector estratégico tanto por su peso económico como por su capacidad de abastecer al mercado nacional en contraestación. En este proceso de modernización, la experiencia de Almería se ha convertido en un referente técnico clave.
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Desde la Corporación de Fomento de la Producción (Corfo), María José Moraga y Freddy Gutiérrez explican cómo la región está avanzando hacia un modelo más tecnificado, profesional y sostenible, apoyado en programas públicos de innovación, transferencia tecnológica internacional y una progresiva adopción del manejo integrado de plagas y soluciones biológicas.
Programas de absorción tecnológica: de la observación a la implementación real
Dentro de la Gerencia de Innovación de Corfo se desarrolla el Programa de Absorción Tecnológica para la Innovación (PATI), cuyo objetivo es fortalecer las capacidades productivas y de innovación de pequeñas y medianas empresas. "Este programa busca contribuir a mejorar la productividad y aumentar la competitividad mediante la absorción de tecnología, ya sea nueva o poco difundida a nivel nacional, así como la incorporación de buenas prácticas y/o nuevos conocimientos", explica María José Moraga.
En 2025, este instrumento permitió que un grupo de diez empresas hortícolas de Arica y Parinacota participara en una misión tecnológica a Almería, organizada junto a entidades técnicas locales. "La primera etapa fue de prospección y se realizó en febrero de 2025. Los productores pudieron conocer directamente cómo funciona el sistema productivo almeriense, desde la fase de semillero hasta aspectos comerciales y organizativos", detalla.
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Durante la visita, los agricultores recorrieron fincas, centros técnicos y empresas proveedoras, analizando tecnologías de invernadero, manejo de suelos, control integrado de plagas y modelos de comercialización. "Almería fue un destino muy bien elegido porque presenta condiciones climáticas muy similares a las de Arica y Parinacota, además de cultivos prácticamente idénticos: tomate, cherry, calabacín y distintas cucurbitáceas", añade Moraga.
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Tras completar esta fase, el proyecto ha entrado ahora en la etapa de absorción tecnológica. "Ya no se trata solo de mirar, sino de implementar. Los productores están trabajando en suelos libres de patógenos, incorporación de nuevas variedades, mejoras estructurales en los invernaderos y adopción de nuevas tecnologías", explica.
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Arica y Parinacota: horticultura intensiva en el desierto más árido del mundo
La región de Arica y Parinacota cuenta con aproximadamente 3.000 hectáreas de producción hortícola intensiva. Ubicada en pleno desierto de Atacama, combina una radiación solar excepcional con temperaturas estables durante gran parte del año y disponibilidad de agua proveniente de la precordillera y el altiplano.
"Arica representa para Chile lo que Almería o Murcia representan para Europa", explica Freddy Gutiérrez. "Somos una zona de producción en contraestación que abastece al mercado chileno durante el invierno, cuando otras regiones reducen su oferta".
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Un hito determinante se produjo entre 2004 y 2005, cuando Chile fue declarada zona libre de mosca de la fruta. "Hasta entonces existían barreras sanitarias internas que limitaban la salida de productos frescos desde Arica hacia el resto del país. Con su eliminación, se produjo una verdadera explosión tecnológica en el sector", recuerda Gutiérrez.
Desde ese momento se intensificó la adopción de riego por goteo, mallas, mejora de cabezales de riego y un uso más generalizado de invernaderos. "Hoy hablamos de rendimientos en tomate cercanos a las 300 toneladas por hectárea, cifras muy altas incluso a nivel internacional", subraya. "Esta rentabilidad explica también el elevado valor del suelo agrícola, con precios superiores a los 300.000 dólares por hectárea en zonas como el valle de Azapa".
Semillas, investigación y profesionalización del sector
"Otro de los factores clave en la evolución de la horticultura regional ha sido la llegada de grandes empresas semilleras y de investigación. Desde mediados de los años 2000 comenzaron a instalarse en Arica compañías dedicadas no solo a la multiplicación, sino a fases avanzadas de investigación y desarrollo", explica Gutiérrez.
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Empresas como Corteva, Bayer o Fitó han aprovechado las condiciones extremas de la región —alta salinidad, estrés hídrico, presencia endémica de nematodos y otros patógenos— para desarrollar variedades más resilientes. "Si un material funciona en Arica, es muy probable que funcione en otros lugares del mundo con problemas similares", apunta.
"Esta presencia industrial ha tenido un efecto directo en la profesionalización del sector. Los agrónomos, técnicos e ingenieros locales han tenido que trabajar con tecnología de primer nivel, desde sistemas de climatización hasta automatización avanzada, lo que ha elevado notablemente el nivel técnico de la región", añade.
No obstante, pese a los avances, el sector enfrenta importantes brechas. "Una de las principales es la elevada presión de plagas y enfermedades, favorecida por las condiciones climáticas estables y los ciclos productivos casi continuos. En Arica se cultiva de marzo a diciembre, con pausas muy cortas, lo que genera una permanencia de plagas y un fuerte estrés sobre los suelos", explica Gutiérrez.
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"Por otro lado, durante años, el modelo se apoyó intensamente en el control químico, con efectos acumulativos negativos sobre suelos y microbiología, por ello el sector mira hacia el control biológico y la lucha integrada. Hoy implementar un programa completo de control biológico puede costar entre 20.000 y 25.000 dólares por hectárea, un coste muy superior al de Europa", reconoce. "Sin embargo, el cambio ya está en marcha".
A través de programas territoriales integrados y del PATI, Corfo está impulsando la adopción del manejo integrado de plagas, productos microbiológicos y controladores biológicos. "Lo interesante es que los agricultores que participan en estos programas tienen realidades muy distintas: algunos ya tienen experiencia, otros están empezando desde cero. Eso permite generar ejemplos reales, agricultores faro, que muestran al resto que el modelo funciona", destaca.
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Más eficiencia, no más superficie
El crecimiento del sector no se está produciendo tanto en superficie como en eficiencia. "Los agricultores son, en cierto modo, prisioneros de su propio éxito. Los volúmenes son muy altos y el mercado chileno es limitado, lo que ha presionado los precios en la última década", explica Gutiérrez.
"Ante el aumento de los costes de insumos, la prioridad hoy es reducir gastos, mejorar la sostenibilidad y abrir nuevas opciones comerciales, incluso mirando a mercados externos. Ya no hablamos de orgánico como algo marginal. Hablamos de manejo integrado, de soluciones biológicas que no reducen rendimientos y que permiten cumplir con estándares más exigentes", añade.
"La experiencia de Almería demuestra que la transformación de un modelo productivo intensivo es posible cuando existe una estrategia coordinada entre agricultores, administración y proveedores tecnológicos. En Arica y Parinacota, ese camino ya está trazado y, junto con las empresas de tecnología agrícolas, la región aspira a consolidarse no solo como polo productivo, sino también como laboratorio agrícola de referencia para condiciones extremas".
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