El tomate, ahora un ingrediente básico en la cocina global, alguna vez fue visto con recelo en Europa y Norteamérica, considerado venenoso e incluso ligado al pecado. Originario de Mesoamérica, fue cultivado por los mexicas antes de ser llevado a Europa por españoles y portugueses en el siglo XVI. Sin embargo, su intenso color rojo despertó desconfianza, asociado con lo pecaminoso y diabólico, y fue clasificado como peligroso por pertenecer a la familia de las solanáceas, que incluye plantas tóxicas como la belladona.
La percepción negativa fue reforzada por el herbolario Pietro Andrea Mattioli en 1544, quien lo vinculó a plantas afrodisíacas, y por el botánico inglés John Gerard en 1597, quien describió al tomate como "corrupto" y de "sabor rancio y apestoso". En el siglo XVIII, el tomate ganó el apodo de "manzana venenosa", ya que los aristócratas enfermaban tras consumirlo. Sin conocimientos químicos, no se comprendió que el problema se originaba en los platos de peltre, cuyos altos niveles de plomo se mezclaban con la acidez del tomate.
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Durante décadas, el tomate se cultivó principalmente como ornamental. Sin embargo, observaciones de su consumo seguro en otras regiones iniciaron un proceso lento de aceptación. En Nuevo Mundo, la desconfianza persistió, aunque hacia finales del siglo XVIII se cultivaba en las colonias por curiosidad. La historia de Salem, Nueva Jersey, y el agricultor Robert Gibbon Johnson, quien en 1820 comió tomates públicamente sin consecuencias, ayudó a legitimar su seguridad, aunque no existen registros contemporáneos que autentifiquen este episodio.
A partir de la década de 1830, recetarios con tomate comenzaron a circular en Estados Unidos. La inmigración europea, particularmente italiana, a finales del siglo XIX e inicios del XX fue crucial para su popularización en Estados Unidos, introduciendo recetas y platillos como la pizza. Incluso, figuras como Thomas Jefferson, destacarón en su cultivo, ayudando a cambiar su percepción.
Hoy, el tomate es esencial en la gastronomía mundial, su aceptación como alimento ilustra cómo las creencias alimentarias pueden ser moldeadas por el miedo y la desinformación. Lo que un día fue temido se ha convertido en un pilar culinario, y cada mordisco de este fruto apunta a su peculiar historia.
Fuente: oem.com.mx