La persistencia de los temporales de lluvia y viento registrados en las últimas semanas está afectando gravemente a la producción de flor cortada en el Bajo Guadalquivir y la costa noroeste de Cádiz. El exceso de precipitaciones prolongado, la falta de radiación solar y los sucesivos episodios de viento extremo que están provocando daños estructurales en muchos invernaderos están comprometiendo tanto la producción actual como la viabilidad futura de muchas explotaciones familiares, especialmente en municipios como Chipiona o Lebrija.
Desde el sector se reclama con urgencia la declaración de zona catastrófica y la puesta en marcha de un plan estratégico específico que permita sostener una actividad que, desde hace más de 50 años, constituye uno de los pilares económicos y sociales del territorio.
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"El problema no es solo este temporal puntual, sino una acumulación de factores que llevamos arrastrando desde hace meses", explica José Luis García, responsable de Asociaflor. "Llevamos casi dos meses en los que está lloviendo continuamente, y la falta de radiación se está notando de forma clara en los invernaderos".
A esta situación se han sumado episodios de viento especialmente virulentos que han provocado daños directos en las infraestructuras de producción. "La semana pasada, el episodio de viento del miércoles 28 de enero, se llevó muchos plásticos. En zonas como Lebrija no solo arrancaron las cubiertas, sino que tumbaron algunasestructuras de invernadero", detalla. "Sin apenas tiempo para reponerlos, el sábado ya teníamos otro episodio, y el lunes incluso hubo un tornado que afectó a parte del pueblo y a la zona de Las Cabezas, arrastrando remolques y tirando árboles en la autopista".
Según García, el esfuerzo por recuperar la normalidad se ve frustrado una y otra vez. "Los plásticos que conseguimos colocar con mucho esfuerzo tras el sábado se los volvió a llevar el viento el lunes, y mañana hay previsión de otro temporal. Así es muy difícil estabilizar la producción".
A ello se suma el deterioro de las propias flores, que se mojan, pierden calidad y reducen su valor comercial, en un momento especialmente sensible para el sector.
"Estamos en plena campaña de San Valentín. Es una fecha clave, y muchos agricultores programan su producción para estas semanas. Pero con estas condiciones, el riesgo es enorme", señala.
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Más allá de los daños inmediatos, García alerta de un problema estructural de fondo: la pérdida de competitividad frente a terceros países. "Competimos con flores que vienen de Colombia, Kenia o Turquía, producidas con fitosanitarios prohibidos aquí desde hace años, y con costes laborales muy inferiores. Pagamos jornales dignos, cumplimos la normativa europea y aun así el producto entra en Europa en igualdad de condiciones. Es imposible competir así".
"Las inundaciones afectan a entre 350 y 400 hectáreas"
Desde COAG, el diagnóstico es igualmente preocupante. Luis Manuel Rivera, responsable de flor cortada en Andalucía, confirma que en la zona de Chipiona los daños son generalizados y todavía difíciles de cuantificar. "En cuanto a las lluvias, estamos hablando de entre 450 y 500 litros por metro cuadrado acumulados, con el nivel freático del acuífero aflorando en muchas parcelas. En algunos puntos hay entre 30 y 40 centímetros de agua sobre la tierra, y las inundaciones afectan a entre 350 y 400 hectáreas", explica. A esto se suman los daños por viento en invernaderos cuya magnitud aún está siendo evaluada. "Hemos habilitado una oficina para recoger datos de los agricultores, pero hasta que los técnicos no finalicen los informes no podremos cuantificarlo todo con precisión". Desde COAG se ha pedido la declaración de zona catastrófica, y no solo Chipiona. "Estamos solicitando que se incluya toda la costa noroeste de Cádiz".
"Desde que empezó el COVID ha sido un desastre detrás de otro: la pandemia, la guerra de Ucrania, la borrasca Bernard, los temporales de marzo del año pasado y ahora la Kristin. La verdad es que algunos agricultores están pasando por una situación dramática, y el desgaste acumulado empieza a hacer mella incluso en un sector históricamente resiliente. Los agricultores somos muy duros y siempre nos levantamos, pero llega un momento en que uno se cansa", reconoce Rivera.
"Podemos presumir de ser el epicentro de la flor cortada en España, y por eso no podemos permitir que se pierda esta actividad"
Más allá de las ayudas puntuales, desde COAG reclaman una estrategia a largo plazo para salvaguardar un sector que consideran estratégico. "Podemos presumir de ser el epicentro de la flor cortada en España, y por eso no podemos permitir que se pierda esta actividad. Hablamos de explotaciones pequeñas, familiares, de unas 0,5 hectáreas de media, con invernaderos adaptados a cada flor y un conocimiento acumulado durante décadas que no puede correr el riesgo de desaparecer".
"Hay que mantenerlo y hacerlo atractivo para los jóvenes, dignificando la profesión de agricultor".
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En este contexto, COAG insiste en la necesidad de políticas activas que vayan más lejos de las ayudas puntuales. "Hay que potenciar el sector, buscar líneas de seguros que se adapten a nuestras necesidades y que las distintas administraciones apuesten por esta zona con infraestructuras, para que sea rentable y atractiva", señala Rivera. "También hemos solicitado la creación de ciclos de grado medio especializados en agricultura intensiva y flor cortada para formar a los jóvenes y que puedan continuar una producción que se realiza en la comarca desde hace ya más de medio siglo".
El responsable de COAG recuerda el peso socioeconómico de la flor cortada en la comarca. "La costa noroeste de Cádiz tiene un alto nivel de paro y no puede basar toda su economía en el turismo. El 90% de las flores que se siembran en el Bajo Guadalquivir se comercializan desde Chipiona, y eso hay que protegerlo".
El potencial de la zona es reconocido a nivel internacional. "De hecho, agricultores holandeses se están viniendo a cultivar a Chipiona", explica Rivera. "Han visto la experiencia que tenemos, las tierras y el clima. Y muchos han llegado a acuerdos con agricultores locales y están produciendo aquí para llevar la flor cortada a Holanda, donde los costes de producción son más altos. Eso demuestra que esta zona tiene valor", añade.
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"Pese a las pérdidas, podremos atender a toda Europa en las próximas semanas"
Pese a la gravedad de la situación, el sector confía en poder cumplir con los compromisos comerciales más inmediatos. "Estamos en plena campaña del Día de los Enamorados y, aunque el temporal nos ha afectado, por suerte no se ha llevado todo y vamos a tener flores para atender a toda Europa", concluye Rivera.