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Leguminosas: ciencia aplicada que regenera suelos y fortalece la resiliencia agrícola

En un contexto de sequías más frecuentes, degradación de suelos y altos costos de producción, la ciencia agronómica está redefiniendo el papel de las leguminosas en los sistemas agrícolas. Lejos de ser cultivos secundarios, su integración se consolida como una innovación clave para mejorar la productividad y fortalecer la resiliencia de los agroecosistemas frente al cambio climático en las comunidades rurales.

Desde CIMMYT, la investigación aplicada demuestra que cuando las leguminosas se integran estratégicamente en los sistemas productivos —con base en evidencia científica y trabajo directo con agricultores— los beneficios son tangibles y sostenibles.

© CIMMYT

Beneficios que comienzan en el suelo y llegan al productor
Uno de los principales aportes de las leguminosas es su capacidad de fijar nitrógeno atmosférico, un proceso natural que permite optimizar la fertilización nitrogenada y mejorar la fertilidad del suelo. Para las y los agricultores, esto se traduce en menores costos de producción y una menor dependencia de fertilizantes sintéticos, en un momento en que estos insumos representan uno de los principales gastos del ciclo agrícola.

Además, integradas en asociaciones, relevo o rotaciones con cereales como maíz y trigo, las leguminosas contribuyen a mejorar la estructura del suelo, aumentar la materia orgánica y reducir la presión de plagas y enfermedades. La evidencia generada por CIMMYT muestra que estos beneficios fortalecen la estabilidad de los sistemas productivos y su capacidad de adaptación a la variabilidad climática.

¿Qué leguminosas y en qué territorios?
Entre las especies que CIMMYT investiga y promueve se encuentran cultivos como frijol, garbanzo, lenteja y otras leguminosas adaptadas a condiciones de baja disponibilidad de agua. Estas especies se integran en distintos sistemas agrícolas donde han demostrado aportar beneficios agronómicos y económicos concretos.

En regiones de Oaxaca, Chiapas, la Península de Yucatán y Honduras, la integración de leguminosas ha permitido diversificar la producción, mejorar la fertilidad del suelo y fortalecer la seguridad alimentaria de las familias agricultoras, reduciendo su vulnerabilidad frente a sequías y otros eventos climáticos extremos.

Oaxaca: ciencia agronómica aplicada a un cultivo tradicional
En Oaxaca, el frijol es un ejemplo claro de cómo la ciencia agronómica puede fortalecer cultivos tradicionales con impacto directo en las comunidades. Uno de los guardianes de esta agrobiodiversidad es Jacobo Tanislado Benítez González, o simplemente don Jacobo, agricultor de la comunidad de San Miguel Tlanichico, municipio de Trinidad Zaachila, en el estado de Oaxaca.

Don Jacobo cultiva más de 30 variedades de frijol, entre ellas el frijol Ayocote, una leguminosa de alto valor nutricional y cultural. En su comunidad, este cultivo tiene un ciclo de producción aproximado de siete meses (de mayo a noviembre) y puede alcanzar rendimientos de hasta 300 kilogramos en un cuarto de hectárea, equivalente a 1 200 kilogramos por hectárea, bajo prácticas sustentables validadas con el acompañamiento técnico de CIMMYT.

Además de su aporte a la seguridad alimentaria, el frijol representa una fuente importante de ingresos para las familias productoras. El grano se comercializa en mercados locales por almudes (3.8 kilogramos) a precios que oscilan entre 200 y 250 pesos, fortaleciendo la economía familiar y preservando la diversidad agrícola frente a los impactos del cambio climático.

Ciencia agronómica para zonas áridas y semiáridas
El trabajo con leguminosas forma parte de un enfoque más amplio de CIMMYT para promover cultivos alternativos en zonas áridas y semiáridas, donde el cambio climático pone en riesgo la viabilidad de los sistemas agrícolas. A través de investigación participativa, validaciones en campo y diálogos multiactor, se identifican soluciones que responden a las condiciones locales y a las necesidades reales de los agricultores.

Este enfoque permite que la ciencia no se quede en los laboratorios y áreas experimentales, sino que se traduzca en prácticas concretas, tecnologías apropiadas y decisiones informadas que fortalecen la resiliencia de las comunidades agrícolas frente a sequías, variabilidad climática y degradación de suelos.

Conocimiento que se comparte y se escala
La integración de leguminosas como innovación agronómica es posible gracias al trabajo colaborativo. CIMMYT trabaja con gobiernos, sector privado, instituciones de investigación y organizaciones de productores para asegurar que la ciencia llegue al campo y se adapte a cada contexto productivo.

Como parte de este esfuerzo, CIMMYT pone a disposición la publicación Cultivos alternativos Intensificación y diversificación sustentable. Aspectos agronómicos, una guía técnica que reúne información práctica sobre especies con potencial para fortalecer la sostenibilidad y la seguridad alimentaria en regiones vulnerables. Disponible para descargar aquí.

Impulsar la ciencia agronómica que integra leguminosas como una innovación es clave para construir sistemas agrícolas más resilientes y sostenibles. La investigación que CIMMYT desarrolla demuestra que las soluciones basadas en evidencia funcionan en el campo y generan beneficios reales para los agricultores.

Para que este impacto continúe y se amplifique, es indispensable el compromiso del sector público y privado, asegurando que la ciencia siga llegando a las comunidades agrícolas y respondiendo a los desafíos del cambio climático.

Fuente: www.cimmyt.org

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