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Del secuestro de carbono a la eficiencia hídrica: el biochar avanza en la agricultura española

La necesidad de regenerar los suelos agrícolas y reducir la huella de carbono de los sistemas productivos está impulsando el interés por soluciones que, además de nutrir, transformen de manera estructural el funcionamiento del suelo. Por ello, el biochar —un carbón de origen vegetal obtenido mediante pirólisis— comienza a abrirse paso en España como enmienda regenerativa con aplicaciones que van desde la agricultura profesional hasta la arboricultura urbana.

© Livingchar

Desde la cooperativa Carbón Vivo, impulsora de la marca LivingChar, trabajan con un biochar producido a partir de maderas de pino y certificado bajo el estándar European Biochar Certificate (EBC), que garantiza tanto la sostenibilidad del proceso como la seguridad del producto final. "El biochar es un carbón de origen orgánico cuya finalidad es la de mejorar las propiedades físicoquímicas y biológicas del suelo y actuar como herramienta de secuestro de carbono", explica Abel Zahínos, uno de los impulsores del proyecto.

Más que carbono: una infraestructura para el suelo
"Nuestro biochar presenta un contenido en carbono superior al 80% y actúa como regenerador de suelos al restituir un mineral clave, el carbono, que muchos suelos españoles han ido perdiendo debido a prácticas agronómicas intensivas, a las altas temperaturas y a una menor disponibilidad hídrica. A diferencia de los fertilizantes convencionales, el biochar no aporta NPK directamente", destaca, "sino que mejora la estructura, la capacidad de intercambio catiónico y la gestión del agua y los nutrientes de los suelos".

"Un suelo ideal está compuesto aproximadamente por un 25% de agua, un 25% de aire y el resto fracción mineral y materia orgánica. En suelos degradados o compactados, esos poros colapsan y se pierde capacidad de almacenar y gestionar correctamente el agua y oxígeno que necesitan las plantas para realizar sus funciones fisiológicas", señala. "Por este motivo es tan importante aportar al suelo una estructura que asegure una correcta circulación de agua y gases, elementos imprescindibles para que el cultivo prospere y sea resiliente frente a los efectos del cambio climático".

© Livingchar

El biochar es, en este sentido, un material muy valioso gracias a su capacidad para aumentar el agua útil disponible de los suelos, que es la fracción de agua almacenada en el suelo que las raíces de las plantas pueden extraer y utilizar para su crecimiento. "Según ensayos realizados junto a la Universidad Politécnica de Madrid, un compost convencional puede ofrecer alrededor de un 7% de agua útil, mientras que el biochar ofrece más del 50%, permitiendo incrementar de forma significativa la eficiencia hídrica del suelo, un factor crítico en los cultivos mediterráneos".

Menos lixiviación, más eficiencia
Otra de las propiedades relevantes del biochar es su elevada capacidad de intercambio catiónico y aniónico. "En términos prácticos, actúa como una 'estructura de retención' que fija nutrientes y reduce pérdidas por lixiviación, que pueden disminuir hasta un 60% las pérdidas de nitratos. Esto no solo mejora la absorción por parte de la planta, sino que permite optimizar el gasto en fertilizantes y reducir el impacto ambiental asociado a la contaminación de acuíferos".

A partir de esta base, LivingChar ha desarrollado soluciones como Compostchar, un fertilizante regenerativo que combina compost ecológico, biochar y minerales de roca, o Arbochar, orientado a cultivos leñosos y plantaciones de larga duración. "El objetivo es mejorar de forma permanente las condiciones del suelo desde la implantación del cultivo".

Adicionalmente, el proceso de producción del biochar mediante pirólisis permite fijar el carbono capturado previamente por la planta durante la fotosíntesis. "Cada tonelada de nuestro biochar secuestra hasta 2,9 toneladas de CO₂ equivalente. A diferencia de la descomposición natural de la biomasa, que devuelve el carbono a la atmósfera, el biochar lo estabiliza en el suelo durante periodos estimados de entre 700 y 3.000 años".

"De hecho, el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) lo reconoce como una de las tecnologías carbono negativas disponibles actualmente, lo que añade una dimensión climática a su aplicación agronómica".

De los campos a la ciudad
Más allá del ámbito agrícola, el biochar está ganando protagonismo en proyectos de jardinería y arboricultura urbana. "Ciudades como Estocolmo comenzaron a incorporar biochar en sus plantaciones tras detectar índices de mortalidad y enfermedad en el arbolado urbano de hasta un 80% debido a la compactación del suelo. Desde 2008, todos los nuevos árboles se plantan con biochar, logrando tasas de supervivencia cercanas al 100%", comparte Abel.

© Livingchar

En España, LivingChar trabaja con ayuntamientos como Barcelona y Córdoba en la mejora de suelos urbanos. "El problema de las ciudades es la compactación: el suelo pierde su capacidad para gestionar adecuadamente el aire y agua que los árboles necesitan, y las raíces no pueden desarrollarse. Un árbol, y en general cualquier planta, puede morir tanto por falta de oxígeno como por falta de riego", apunta.

Un mercado incipiente, pero con recorrido
Aunque el conocimiento sobre el biochar ha crecido en los últimos cinco años, su adopción sigue siendo incipiente en la agricultura profesional. "Desde LivingChar reconocemos que aún es necesario realizar una intensa labor de divulgación y diferenciación de calidades, dado que la materia prima, el proceso productivo y la certificación marcan diferencias sustanciales de calidad en el producto final".

"Actualmente, estamos centrando nuestra actividad en el mercado español, apostando por un modelo cercano al productor basado en análisis de suelo y asesoramiento técnico personalizado. Pero estamos convencidos de que el aumento en el uso de biochar solo será cuestión de tiempo".

Para más información:
Livingchar
C/ Margarit 37
08004 Barcelona
T. (+34) 670 585 159
[email protected]
https://www.livingchar.com

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