Durante la última edición de Indoor Ag-Con, Tyson Cramer argumentó en su presentación que muchos de los problemas que los operadores de cannabis enfrentan en etapas posteriores del proceso productivo pueden rastrearse hasta una única área de la instalación, frecuentemente subgestionada: la sala de plantas madre.
A partir de su experiencia evaluando y trabajando en algunas de las mayores instalaciones de cultivo del mundo, Tyson identificó un patrón recurrente. En distintos contextos geográficos y modelos de producción, señaló que una proporción significativa de los fallos operativos podría mitigarse —o evitarse completamente— mediante una aplicación más estricta de protocolos de bioseguridad, higiene y aislamiento en las salas de plantas madre.
En otras palabras, el estado fitosanitario de las plantas madre determina directamente la calidad de los clones y de las plantas en fase vegetativa, y cualquier compromiso en esta etapa se propaga a lo largo de todo el ciclo productivo. La presión de patógenos, la exposición a plagas y el estrés fisiológico acumulado en las salas de madres se amplifican a medida que las plantas avanzan hacia la fase de floración.
La importancia de la gestión rigurosa de plantas madre
Todos estos factores generan efectos acumulativos sobre el desempeño genético, explicó Tyson. Incluso cuando los problemas parecen controlables en etapas tempranas, los factores de estrés combinados introducidos antes de la floración pueden limitar la expresión del potencial genético y aumentar la susceptibilidad a enfermedades en fases posteriores del ciclo.
Como establece un principio fundamental del cultivo de cannabis a gran escala, el objetivo principal de la gestión de la sala de plantas madre es la prevención, más que la corrección de problemas.
Una parte sustancial de la presentación se centró en las prácticas de regeneración y lo que conllevan. Según Tyson, los plazos de regeneración prolongados, a menudo de 6 a 9 meses o más, aumentan la probabilidad de mutaciones somáticas. Con el tiempo, ha observado una deriva genética generalizada dentro de las instalaciones, incluidas diferencias apreciables en el aroma, el sabor y el rendimiento procedentes de lo que se suponía que eran plantas madre genéticamente idénticas.
© Eelkje Pulley | HortiDaily.es
En algunos casos, la variación del rendimiento atribuida a la mutación somática alcanzó porcentajes de dos dígitos, con diferentes expresiones procedentes de clones tomados de la misma línea genética. Estas observaciones, explicó Tyson, han impulsado el cultivo de tejidos y las estrategias de regeneración como componentes esenciales de la gestión del riesgo genético.
Asimismo, Tyson señaló que restablecer el material genético a partir de un origen unicelular —ya sea mediante cultivo in vitro o revitalización a partir de semillas— permite reiniciar mutaciones acumuladas y recuperar la estabilidad genética. A medida que las instalaciones escalan, la diligencia requerida en la gestión del material genético supera ampliamente la observada en etapas tempranas de la industria.
Infraestructura
Desde el punto de vista de la infraestructura, Tyson subrayó la importancia del aislamiento entre madres, clones y salas vegetativas. Abogó por sistemas totalmente separados, incluidas fuentes de agua específicas y sistemas de drenaje de residuos para estas fases, con cualquier forma de reciclaje de agua limitada a las salas de flores, si es que se utiliza. El objetivo es evitar la contaminación cruzada mucho antes de que las plantas lleguen a las zonas de producción de alto valor.
El diseño de la climatización también se destacó como un punto de control crítico. Las salas de presión positiva, el flujo de aire controlado y una menor dependencia de los ventiladores internos se debatieron como formas de limitar el movimiento de patógenos dentro de las instalaciones. Aunque estos enfoques requieren una inversión de capital adicional, Aunque estas medidas implican mayor inversión de capital, Tyson las describió como intervenciones preventivas esenciales más que mejoras tecnológicas accesorias.
La disciplina operativa sería inútil si no se tiene en cuenta a las personas implicadas en ella. Los movimientos del personal, la separación de los equipos y protocolos de identificación claros se citaron como vectores de contaminación que se pasan por alto. Tyson planteó cuestiones relativas a los vestidores compartidos, el flujo entre equipos y los controles básicos de higiena, incluida la colocación y el cumplimiento de las estaciones de lavado de manos.
A medida que las instalaciones se hacen más grandes y complejas, la protección genética y la disciplina en las salas de plantas madre se vuelven cada vez más cruciales para el éxito operativo. Según Tyson, la adopción de nuevas tecnologías no es una solución en sí misma, ya que la gestión de riesgos consiste más en hacer cumplir los sistemas, el aislamiento y el comportamiento correctamente aplicados en un entorno de producción de alto riesgo.
Para más información:
Indoor Ag-Con
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