Las autoridades españolas han activado una notificación tras detectar un exceso de residuos de pesticidas en un envío de hortalizas procedente de Marruecos durante un control en frontera. El aviso se trasladó al Sistema de Alerta Rápida para Alimentos y Piensos (RASFF) de la Unión Europea, mecanismo que coordina la vigilancia de riesgos alimentarios entre los Estados miembros.
El hallazgo se produjo al analizar un lote de chirivías o pastinacas, distribuido con la participación de operadores franceses. Los controles revelaron concentraciones por encima de los límites permitidos para clorpirifos y ditiocarbamatos. En el caso del clorpirifos, los niveles detectados eran de 0,053 mg/kg, superando el máximo legal de 0,01 mg/kg. Para los ditiocarbamatos, los valores encontrados fueron de 0,83 mg/kg, excediendo el umbral autorizado de 0,20 mg/kg.
A pesar de esto, la partida fue autorizada tras completar los procedimientos de verificación y evaluación según la legislación europea. El sistema comunitario evaluó los riesgos y coordinó la actuación correspondiente antes de permitir su comercialización.
El clorpirifos es un insecticida organofosforado que actúa por contacto, inhalación o ingestión. La Unión Europea prohibió su uso en 2019 tras evaluar sus posibles efectos en la salud, especialmente en exposiciones prolongadas o bajas dosis. Los ditiocarbamatos, usados como fungicidas, incluyen compuestos como maneb, mancózeb, tiram, entre otros, y se han asociado con alteraciones endocrinas, particularmente en la función tiroidea.
España retiró la autorización de fitosanitarios con clorpirifos en varios cultivos tras la revisión europea de los límites de residuos, afectando productos como tomate, pimiento y patata. El control que originó la alerta es parte de los mecanismos de inspección sobre alimentos importados, destinados a verificar el cumplimiento de la normativa comunitaria y proteger a los consumidores.
La presencia de pesticidas prohibidos sigue siendo una preocupación para la seguridad alimentaria y el medio ambiente. Investigaciones han relacionado estos compuestos con problemas neurológicos en menores, alteraciones hormonales y un mayor riesgo de enfermedades crónicas. Su impacto ambiental incluye contaminación de suelos y aguas, reducción de insectos polinizadores y desequilibrio de ecosistemas.
El sistema europeo de alertas busca detectar estas situaciones, compartir información entre países y reforzar controles en la cadena alimentaria para minimizar riesgos. Estos mecanismos, junto a la revisión de sustancias autorizadas, son parte de la estrategia comunitaria para priorizar la protección de la salud y la sostenibilidad frente al uso de productos potencialmente peligrosos
Fuente: gaceta.es