La polilla del tomate (Tuta absoluta) es uno de los principales desafíos fitosanitarios en hortícolas, especialmente en tomate. Se trata de una pequeña palomilla de apenas 7 mm cuya actividad se concentra entre el atardecer y el amanecer, permaneciendo oculta durante el día. Y es su elevada capacidad reproductiva la que explica su rápida expansión: cada hembra puede depositar más de 240 huevos con una fertilidad cercana al 100%, lo que permite alcanzar entre diez y doce generaciones anuales.
El daño lo provoca el insecto en la fase larvaria, penetrando en hojas, tallos y frutos. En los tomates, las larvas excavan galerías en la pulpa que a menudo se llenan de excrementos, haciendo el fruto inadecuado para el consumo, mientras que las galerías internas en hojas y tallos debilitan la estructura de la planta reduciendo la capacidad de transporte de agua y nutrientes; este daño puede provocar un crecimiento deficiente e incluso la muerte de la tomatera.

Ante esta plaga, que también afecta a berenjena, patata, pepino o pimiento, la prevención es fundamental, ya que el control temprano resulta más eficiente y menos costoso que los tratamientos curativos "o incluso tener que arrancar la plantación entera", explica Pilar, agricultora de la pedanía de Los Martínez, en Níjar (Almería).
"Llegamos a dar 30 tratamientos y aun así perdimos la cosecha"
Pilar cultiva tomate RAF y tomate de ensalada en un invernadero de unos 5.000 m². Su experiencia con la Tuta refleja la presión constante que sufre el cultivo en el sureste español. "Es una plaga muy silenciosa; está dentro de tu invernadero infectando los cultivos, y cuando te das cuenta, muchas veces ya no hay remedio", recuerda.
La agricultora rememora una campaña especialmente complicada: "Hubo un año, hace varias campañas, en el que la Tuta absoluta nos arrasó el cultivo. Llegamos a dar unas 30 curas y al final desistimos y tuvimos que retirar todas las plantas. Fue un gasto enorme y, lo más penoso, un sufrimiento constante, porque mientras realizábamos un tratamiento tras otro muchos vecinos iban arrancando sus cultivos sacando las plantas a la calle, y fuera del invernadero había miles o millones de polillas dispuestas a entrar".
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Esta situación marcó un punto de inflexión en su estrategia de manejo. "Un vecino y familiares míos empezaron a usar Biocaptur, un dispositivo de luz LED que captura Tuta absoluta y otros insectos, y nos decidimos a dar el paso, después de haber estado usando durante años lucha biológica, alambres e incluso bolsas de alcanfor, que muchos agricultores empezaron a usar porque parecía que podía alejar la plaga".
Desde entonces, Pilar ha incorporado esta herramienta preventiva y certificada como ecológica frente a la plaga en sus invernaderos de tomate, con una experiencia "muy buena", afirma,
© Biocaptur"Biocaptur atrapa una gran cantidad de Tuta, y desde que usamos los dispositivos no hemos tenido que curar más nuestros cultivos, ahorrando una cantidad de dinero muy importante", explica. "El sistema se instaló antes de Navidad y ha estado funcionando durante todos estos meses. En estos momentos no tenemos rastro de la plaga, mientras ya hay gente que está arrancando sus matas de tomate".
"Para nosotros, la tranquilidad de saber que por la noche estás eliminando Tuta no tiene precio".
Seguridad alimentaria y confianza del productor
Tras años de experiencia, la conclusión de Pilar es clara: la prevención compensa tanto económica como emocionalmente. "Si sumas lo que gastas en tratamientos y el sufrimiento que conlleva, compensa claramente apostar por soluciones preventivas eficaces como Biocaptur".
"Además, hay que pensar en el consumidor final. Un menor uso de pesticidas no solo supone menos gasto para nosotros, sino que le estamos entregando al consumidor un producto más seguro y le aportamos mucha más transparencia en la calidad de los tomates que está adquiriendo".
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