En Marruecos, la producción agrícola ha dejado de depender exclusivamente del clima. Con un entorno desértico donde las lluvias son inciertas, el país ha recurrido al océano para convertir el agua salada en un recurso útil para la agricultura. La implementación de plantas desalinizadoras ha permitido un suministro estable de agua en zonas agrícolas, independizándose de la lluvia y abriendo nuevas oportunidades para los productores.
El sector agrícola representa aproximadamente el 15% de la economía nacional y emplea al 40% de la población activa, especialmente en áreas rurales. Sin embargo, el uso del agua sigue siendo determinante, ya que la agricultura consume cerca del 80% de los recursos hídricos disponibles. Esto resalta la urgencia de identificar fuentes alternativas para mantener la producción.
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El cultivo en áreas desérticas exige un suministro hídrico confiable. Actualmente, solo entre el 20% y el 25% de la tierra cultivada está irrigada, pero estas áreas generan el 65% del valor económico del sector agrícola. Esto demuestra la importancia de una provisión estable.
Las precipitaciones han disminuido significativamente en los últimos años, afectando especialmente a los cultivos de cereales y reduciendo la producción en torno al 60%. Esto ha obligado a incrementar las importaciones para satisfacer la demanda interna.
Marruecos ha proyectado instalar sistemas modernos de riego en 555.000 hectáreas. Esta medida apunta a que más de la mitad de las áreas irrigadas empleen tecnologías como el riego por goteo o por aspersión, lo que mejorará la eficiencia hídrica.
La desalinización mediante ósmosis inversa se ha consolidado como una herramienta para obtener agua de calidad en regiones áridas. Para el año 2030, se espera que el 50% del agua potable provenga de la desalinización. Actualmente, hay 17 plantas desalinizadoras en funcionamiento a lo largo de las costas atlántica y mediterránea, con cuatro instalaciones en construcción y nueve proyectos previstos para 2030.
El plan nacional también contempla grandes obras hidráulicas y reutilización de aguas residuales tratadas. Marruecos ha destinado alrededor de 4.000 millones de dólares a infraestructuras hídricas para reforzar la seguridad alimentaria y mantener la actividad rural a largo plazo.
La adopción de energías renovables en las desalinizadoras busca reducir costos e impactos ambientales. Sin embargo, intensificar el cultivo de productos que requieren altos volúmenes de agua, como el aguacate, genera nuevas discusiones sobre el uso eficiente del agua.
Con un enfoque en la innovación, Marruecos trabaja para convertir el desierto en una región agrícola viable, mediante planificación, tecnología y financiamiento.
Fuente: www.rionegro.com.ar