En la Conferencia de la Industria Hortícola de la AIPH, celebrada en Sídney, la escasez de agua ocupó un lugar central en una mesa redonda titulada "¿Cómo puede responder la industria a la presión del agua?". La sesión, que reunió las perspectivas de la producción, la investigación y la tecnología, puso de relieve tanto la urgencia del problema como las vías prácticas que pueden seguir los productores.
Presidida por Chris Philpott, de The Water Conservancy, la mesa redonda contó con la participación de Andy Cameron, de Greenlife Industry NSW & ACT, y de Eduardo Barbosa, de Hort Innovation.
© Ludovic Vilbert, Inwardout Studio
La presión climática modifica el uso del agua
Para abrir el debate, Andy Cameron señaló el impacto claro y mensurable del cambio climático en la disponibilidad de agua. En Australia, las temperaturas medias ya han aumentado entre 1 °C y 1,5 °C, lo que ha incrementado las tasas de evaporación y la presión sobre los recursos hídricos. Al mismo tiempo, los regímenes de precipitación están cambiando.
"La lluvia ya no es constante ni predecible", explicó. "Estamos viendo ráfagas más cortas y agudas, lo que significa más escorrentía y un uso menos eficaz del agua".
Esta dinámica cambiante obliga a los productores a replantearse la forma de captar, almacenar y reutilizar el agua. En lugar de confiar en los sistemas tradicionales de embalses, en los que el exceso de agua se pierde, Andy subrayó la importancia de los sistemas de circuito cerrado que permiten reciclar y reutilizar el agua.
De la abundancia a la eficiencia
Históricamente, muchos viveros partían de la base de que el agua era fácilmente disponible. Según Andy, esa mentalidad ya no es viable.
"Hace diez o veinte años, el agua entraba en una presa y se desbordaba. Hoy se trata de mantener el agua limpia, captarla y volver a usarla".
Por tanto, la inversión en infraestructuras se está volviendo fundamental. Esto incluye sistemas de tratamiento del agua, soluciones de reciclaje y tecnologías de riego de precisión que reducen el despilfarro y mejoran la eficiencia.
Al mismo tiempo, los productores se ven obligados a rediseñar sus sistemas de producción para un futuro más caluroso y seco. Esto implica no solo mejorar el riego, sino también seleccionar variedades de plantas más resistentes y adaptar todas las estrategias de cultivo a las nuevas realidades climáticas.
El riego basado en datos cobra impulso
Desde el punto de vista tecnológico, Eduardo destacó el cambio importante que se está produciendo en la gestión del riego. Tradicionalmente, las decisiones de riego se basaban en gran medida en la experiencia y la observación. Aunque sigue siendo valioso, este enfoque se complementa cada vez más con datos.
"Ahora podemos medir cosas que antes no podíamos", dijo, señalando los avances en sensores y sistemas de control. Los productores pueden hacer un seguimiento en tiempo real de la humedad del suelo, el consumo de agua de las plantas y el drenaje, lo que permite un riego mucho más preciso.
Este cambio de los programas fijos al riego reactivo ya está dando resultados tangibles. Al regar las plantas según las necesidades reales y no a partir de suposiciones, los productores pueden reducir considerablemente el consumo de agua y mejorar la uniformidad y la calidad de los cultivos.
Eduardo citó un ejemplo de Estados Unidos en el que un productor ahorró aproximadamente 360 millones de galones de agua en un solo año gracias a la mejora de la tecnología de riego.
© Ludovic Vilbert, Inwardout Studio
El auge de los sistemas conectados y la IA
El panel también exploró cómo la conectividad y la inteligencia artificial están dando forma a la próxima fase de la producción hortícola. Gracias a la integración de dispositivos IoT (Internet de las cosas), los sensores pueden ahora comunicarse directamente con los controladores de riego, lo que permite que los sistemas se ajusten automáticamente.
Los productores, a su vez, pueden supervisar las operaciones a distancia desde teléfonos inteligentes y obtener una visibilidad completa del uso del agua en cualquier momento.
De cara al futuro, Eduardo ve la IA como un elemento clave en la gestión de conjuntos de datos cada vez más complejos.
"Cuando hay múltiples variables —clima, sensores, tipos de cultivo—, la IA puede ayudar a reunir toda esa información y a tomar mejores decisiones", explica.
En lugar de sustituir la experiencia del productor, estas herramientas están diseñadas para mejorar la toma de decisiones y reducir la incertidumbre.
La adopción sigue siendo un reto clave
A pesar de las evidentes ventajas, ambos ponentes reconocieron que la adopción de la tecnología sigue siendo desigual en el sector.
"Hay mucho disponible, pero la horticultura a veces ha sido más lenta en adoptar nuevas tecnologías", señaló Andy. "Cuando los productores las adopten, cambiarán las reglas del juego".
Eduardo añadió que la falta de capacidad técnica puede suponer un obstáculo. En este sentido, las iniciativas centradas en la demostración y la educación son esenciales para ayudar a los productores a comprender y aplicar eficazmente las nuevas soluciones.
Seguridad hídrica: un imperativo empresarial
Más allá de la eficiencia, el debate puso de relieve una cuestión más fundamental: la seguridad hídrica.
"Si no tienes agua, no tienes negocio", afirmó Andy sin rodeos.
Aunque algunas regiones de Australia cuentan actualmente con un suministro suficiente, el panel advirtió contra la autocomplacencia. La variabilidad climática va en aumento, y la planificación a largo plazo es esencial. Las empresas que invierten pronto en seguridad y resistencia hídricas tienen más probabilidades de resistir futuras perturbaciones.
En la conversación también se abordaron tensiones geopolíticas y regionales más amplias en torno al agua, lo que reforzó la idea de que el acceso al agua no es solo una cuestión agrícola, sino también una cuestión mundial.
Repensar el paisaje
Por último, la mesa redonda subrayó que la responsabilidad por la eficiencia hídrica va más allá de la producción. La forma en que se utilizan las plantas en los paisajes también debe adaptarse.
Mantener los entornos verdes sigue siendo esencial para refrescar las zonas urbanas y preservar los ecosistemas. Sin embargo, esto debe equilibrarse con una menor dependencia del agua potable y una mayor tolerancia a condiciones más secas entre episodios de lluvia.