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La fauna auxiliar, pieza clave en la Gestión Integrada de Plagas

La fauna auxiliar se ha consolidado en los últimos años como una herramienta esencial dentro del manejo sostenible de los cultivos. El equilibrio natural debe convertirse en el mejor aliado del agricultor frente a modelos tradicionales basados casi exclusivamente en el uso de fitosanitarios; el control biológico propone una visión más estratégica, donde los organismos beneficiosos desempeñan un papel protagonista en la regulación de plagas.

Cuando hablamos de fauna auxiliar, nos referimos a un conjunto de insectos, ácaros, aves y otros organismos que actúan como depredadores o parasitoides de las especies que dañan los cultivos. Entre los más conocidos se encuentran las mariquitas, crisopas y avispas parasitoides, capaces de reducir poblaciones de pulgones, mosca blanca o lepidópteros. Estos organismos no solo contribuyen a disminuir la presión de plagas, sino que también ayudan a mantener la biodiversidad funcional del agroecosistema.

La gestión integrada de plagas se basa precisamente en combinar distintas estrategias para mantener, entre otros objetivos, las poblaciones de organismos nocivos por debajo de niveles que causen pérdidas económicas. En este enfoque, la fauna auxiliar no sustituye completamente a otras herramientas, pero sí permite reducir de manera significativa la dependencia de productos químicos. Esto no solo repercute en una menor contaminación ambiental, sino también en una mejora de la salud del suelo, el agua y el propio agricultor.

Uno de los aspectos clave para fomentar la presencia de fauna auxiliar es la gestión del entorno agrícola. La implantación de cubiertas vegetales, setos o márgenes florales proporciona refugio y alimento a estos organismos beneficiosos. Estas estructuras actúan como reservorios de biodiversidad, facilitando que los enemigos naturales se establezcan y se mantengan a lo largo del ciclo del cultivo. Además, la diversificación del paisaje agrícola contribuye a crear un entorno más resiliente frente a desequilibrios ecológicos.

No obstante, la incorporación efectiva de la fauna auxiliar requiere conocimiento y planificación. Es fundamental identificar correctamente tanto las plagas como sus enemigos naturales, así como comprender sus ciclos biológicos y sus interacciones. Un manejo inadecuado, como el uso indiscriminado de insecticidas de amplio espectro, puede eliminar tanto a las plagas como a sus depredadores, generando un efecto rebote que agrava el problema inicial. Por ello, la toma de decisiones debe basarse en el monitoreo constante del cultivo y en umbrales de intervención bien definidos.

En cultivos intensivos, como los hortícolas en invernadero, el uso de fauna auxiliar ha demostrado ser especialmente eficaz. La introducción controlada de especies beneficiosas permite actuar de forma preventiva y mantener un equilibrio estable. En estos sistemas, el agricultor adopta un papel más técnico, gestionando la liberación de organismos y evaluando su eficacia en función de la evolución de la plaga. Aunque requiere una inversión inicial y formación específica, los resultados a medio y largo plazo suelen ser positivos tanto en rendimiento como en calidad del producto.

© Hansenn | Dreamstime

Otro factor relevante es la creciente demanda de los consumidores por alimentos producidos de forma sostenible. La reducción de residuos químicos en los cultivos no solo responde a exigencias normativas, sino también a una mayor conciencia social sobre el impacto ambiental de la agricultura. En este contexto, la fauna auxiliar se convierte en un elemento diferenciador que aporta valor añadido a las producciones agrícolas.

Sin embargo, no todo son ventajas inmediatas. La transición hacia sistemas basados en el control biológico puede implicar ciertos desafíos, como una mayor necesidad de seguimiento o una respuesta más lenta frente a brotes severos de plagas. Aun así, estos inconvenientes pueden mitigarse con una correcta planificación y con el apoyo de asesoramiento técnico especializado.

En definitiva, la fauna auxiliar representa una pieza clave en el control integrado de plagas, no solo por su eficacia, sino también por su contribución a una agricultura más equilibrada y sostenible. Apostar por su uso implica entender el cultivo como un ecosistema complejo, donde cada organismo cumple una función. En este escenario, el agricultor deja de ser un mero aplicador de tratamientos para convertirse en un gestor del equilibrio natural, capaz de aprovechar los recursos que la propia naturaleza.

Fuente: www.juntadeandalucia.es

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