Islandia utiliza energía geotérmica para calentar invernaderos y reducir la dependencia de importaciones de Europa. Cerca del Círculo Polar Ártico, el país produce casi el 70% de los tomates que consume y prácticamente el 100% de los pepinos, mientras mantiene ensayos con bananas y cacao en sistemas protegidos.
En la granja Brennholt, a 20 minutos de Reykjavik, Tomas Ponzi opera un invernadero de 100 metros cuadrados. En el exterior, la temperatura es de 12 grados Celsius, mientras que en el interior se mantienen 20 grados. La calefacción procede de agua hirviendo, bombeada de un pozo artesiano y distribuida por tuberías dentro de la estructura, sin recurrir a la electricidad en ese proceso. Según el texto, este mismo recurso geotérmico calienta el 90% de los hogares islandeses.
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Ponzi, desarrollador de software de profesión, se trasladó a la granja hace 14 años. Actualmente produce más de 30 variedades de tomate, incluidas las rusas e italianas, obtenidas mediante la búsqueda de semillas en distintos lugares. Su producción se destina a restaurantes de Reykjavik.
En la Universidad Agrícola de Hveragerði se encuentra una plantación de bananas en invernadero, con 70 años de historia. El sistema utiliza calefacción geotérmica para mantener una temperatura de 20 grados Celsius durante todo el año. Cincuenta plantas producen bananas para la universidad, aunque los investigadores concluyen que la producción comercial no es viable porque el cultivo tarda demasiado en fructificar en el clima de Islandia.
El centro también desarrolla ensayos con cacao. Tras más de 10 años de investigación, el equipo cosechó el segundo fruto de cacao de la historia del país, con más de 20 granos. El primer cacao cosechado un año antes contenía 13 granos y permitió elaborar una barra de chocolate. La investigadora Gudríður Helgadóttir y su colega Elias Oskarsson continúan evaluando qué frutas pueden adaptarse a los invernaderos geotérmicos del país.
En Ísafjörður, en los Fiordos Occidentales, Hildur Arnardóttir cultiva remolacha, calabaza, calabacín y fresas sin acceso a energía geotérmica. Su manejo se basa en luz solar, calor pasivo, lana de oveja como protección y técnicas de permacultura, con semillas propias, compostaje natural y sin fertilizantes artificiales.
Tanto Tomas como Hildur plantean una menor dependencia de hortalizas importadas de España y los Países Bajos. Además, Tomas trabaja en el cruce de semillas siberianas y canadienses con sus variedades para desarrollar tomates resistentes al frío y orientados a producción con menor requerimiento de calefacción.
Fuente: es.clickpetroleoegas.com.br