En 1997, más de 1.000 camiones descargaron 12.000 toneladas de cáscaras y pulpa de naranja sobre una parcela de 3 hectáreas de tierra degradada en el Área de Conservación Guanacaste (ACG), en Costa Rica. Dieciséis años después, el sitio se convirtió en un caso documentado de restauración ecológica en el trópico.
El proyecto fue diseñado por los ecólogos Daniel Janzen y Winnie Hallwachs, de la Universidad de Pennsylvania, junto con autoridades ambientales costarricenses. La empresa Del Oro, procesadora de jugos de naranja situada cerca de la reserva, aportó los residuos. El acuerdo contemplaba la donación de 1.500 hectáreas de bosque al ACG a cambio del permiso para depositar desechos orgánicos en terrenos invadidos por pastos africanos importados.
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Según el texto, las cáscaras de naranja, ricas en micronutrientes, azúcares y compuestos bioactivos, actuaron al descomponerse como fertilizante natural. Su aplicación sobre el suelo degradado tuvo tres efectos: sofocar los pastos invasivos, enriquecer el suelo con un manto húmedo que facilitó la germinación de las semillas y atraer fauna dispersora de semillas. Roger Blanco, investigador del ACG, señaló: "Logramos acelerar el proceso de restauración del bosque en 50 años."
En 2013, el equipo de investigadores regresó al sitio y registró un aumento del 176% en biomasa aérea respecto al área de control sin intervención. El texto indica que una selva tropical había reemplazado los pastizales y que la diversidad de especies vegetales y animales era superior a la de las parcelas adyacentes no tratadas. Para la evaluación se establecieron transectos de 100 metros y se midieron y etiquetaron árboles menores de 3 metros. La metodología fue publicada en la revista Restoration Ecology.
El proyecto también enfrentó un proceso legal. TicoFruit, competidora de Del Oro, presentó una demanda al considerar que los residuos constituían contaminación de un parque nacional. La Corte Suprema de Costa Rica falló a favor de TicoFruit y ordenó detener el proyecto. Sin embargo, las 12.000 toneladas ya depositadas permanecieron en el terreno y la descomposición continuó sin intervención durante los siguientes 15 años.
El caso expone un modelo basado en el uso de residuos agroindustriales como insumo para restauración de suelos degradados. El contenido lo vincula con la economía circular, el secuestro de carbono y los esquemas de colaboración entre la empresa privada y la autoridad pública en América Latina.
Fuente: ecosistemastartup.com