La diversificación de cultivos en invernaderos mediante especies tropicales constituye una estrategia para agricultores en el sureste de España. En esta región, la pitahaya es un cultivo emergente debido a su valor nutricional y de mercado.
La pitahaya florece en oleadas desde mayo hasta que el fotoperiodo deja de ser favorable en octubre (>12 h). Esto permite cosechas entre junio y noviembre, con fruta desarrollándose en ramos de uno o dos años y brotes nuevos, centrándose la floración en el tercio final de los cladodios.
El cultivo de pitahaya cuenta con poca información técnica, excluyendo la polinización manual, optimizada por el Grupo Operativo PITAMED. Para suplir esta falta, la Universidad de Almería (UAL) ha investigado sobre la poda.
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Estudios han demostrado que para la pitahaya, el despunte ligero con poda larga es apropiado. En colaboración con la Fundación Cajamar, se determinó que 12 a 15 cladodios por metro son óptimos para la pitahaya en espaldera. La UAL indica que la poda en enero no es más ventajosa que en marzo, salvo en invernaderos con calefacción. Estos ensayos ayudan a determinar cómo, cuánto y cuándo podar la pitahaya en la región.
La poda es costosa por mano de obra y reducción productiva en cladodios. Algunos agricultores evitan o reducen la poda, lo que lleva a vegetación densa que causa sombreo y limita la producción. Sin poda por años, las opciones son replantación con alta inversión y nueva fase de crecimiento o poda intensa de rejuvenecimiento, manteniendo solo el tronco y ramas principales. Este estudio reciente explora la respuesta a una poda de rejuvenecimiento en pitahayas envejecidas.
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La intervención presenta incógnitas: la longevidad de yemas latentes y su capacidad de rebrotar, y si permite formar un nuevo muro productivo en un año. La experimentación mostró que los brotes vigorosos formados tras la poda permiten a las yemas alcanzar madurez y florecer en el mismo año. En las instalaciones de la cooperativa Anecoop en la Finca UAL-Anecoop, la brotación de yemas latentes mostró resultados notables, formando brotes vigorosos que cerraron el muro productivo a final de campaña. Además, se logró una floración tardía pero interesante.
En resumen, la poda de rejuvenecimiento genera brotes nuevos desde yemas latentes, incluso de ocho años, reconstruyendo el muro productivo rápidamente. Se observó floración y fructificación en el año incluso en madera vieja, ofreciendo una ventaja frente a la replantación por su rapidez y sostenibilidad económica. Actualmente, se evalúa la calidad de fruta y el interés de complementar con poda de contención, considerando el ahorro y la producción acumulada a mediano y largo plazo
Fuente: www.aenverde.es