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Los Sistemas Agroalimentarios Localizados y el futuro del campo mexicano

En un contexto marcado por la presión de los mercados globales, la migración rural y la concentración agroindustrial, los pequeños productores mexicanos enfrentan el desafío de mantenerse competitivos sin perder su identidad. Frente a este panorama, los Sistemas Agroalimentarios Localizados (SIAL) emergen como una alternativa para fortalecer el desarrollo rural desde el territorio.

Jessica Tolentino Martínez, investigadora del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM e integrante del Consejo Técnico Académico de la Red de Sistemas Agroalimentarios Localizados (Red SIAL-México), explica que esta red articula a investigadores, estudiantes, productores, organizaciones civiles e instituciones académicas y de cooperación internacional que comparten una visión de desarrollo rural sostenible e incluyente.

"El objetivo es contribuir a la seguridad alimentaria, disminuir la pobreza y mejorar las condiciones de vida en el medio rural", señala.

© Robert Kneschke | Dreamstime

¿Qué son los Sistemas Agroalimentarios Localizados?
Más que unidades de producción agrícola, los SIAL son sistemas territoriales que integran productores, transformadores, comercializadores, instituciones y saberes locales alrededor de uno o varios productos con identidad territorial. Se trata de un enfoque teórico y metodológico que surgió en Francia en la década de 1990 para analizar cómo ciertos productos agroalimentarios adquieren valor a partir de su vínculo con el territorio donde se originan.

El enfoque fue adoptado y desarrollado en América Latina por investigadores de países como Argentina, Chile y México, particularmente desde instituciones como la UNAM, la Universidad Autónoma del Estado de México y el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA).

En este marco, los productos no se valoran únicamente por sus características físicas, sino por el conjunto de relaciones sociales, culturales e institucionales que los sostienen. "Hablamos de productos con identidad territorial", explica la académica.

Identidad, valor agregado y diferenciación
Algunos productos con denominación de origen pueden analizarse desde el enfoque SIAL, ya que alrededor de ellos suelen consolidarse redes de productores, procesos de transformación y mercados diferenciados. Sin embargo, no todos los sistemas agroalimentarios localizados cuentan necesariamente con esta figura jurídica.

El arroz de Morelos, que obtuvo denominación de origen, es un ejemplo de cómo el reconocimiento institucional puede facilitar la inserción en mercados especializados. Otros casos, como las tlayudas de Oaxaca, muestran que aun sin denominación formal es posible construir diferenciación a partir de prácticas tradicionales y calidad reconocida por el consumidor.

"Los consumidores están dispuestos a pagar más por productos que perciben como auténticos, con historia y características propias de un territorio", apunta Tolentino.

El cacao ilustra bien esta dinámica. Además del chocolate, los pequeños productores desarrollan derivados y productos artesanales que amplían las posibilidades comerciales. El valor agregado no sólo implica transformación industrial, sino también innovación local, diseño de empaque, etiquetado y estrategias de comercialización.

© Il`mar Idiyatullin | Dreamstime

Maíz azul y nuevas oportunidades
Uno de los casos que actualmente acompaña la Red SIAL-México es el de productores de maíz azul en San Mateo Ozolco, Puebla, quienes se organizaron para transformar su cosecha en tostadas, totopos y pinole bajo la marca Mazolco. El maíz azul contiene antocianinas —compuestos con propiedades antioxidantes— y puede presentar variaciones nutricionales respecto al maíz blanco. Sin embargo, su valor diferencial no se limita a lo nutrimental, sino también a su identidad cultural y su arraigo territorial.

Los productos Mazolco se distribuyen, entre otros espacios, en la Tienda UNAM, en la sección Orgullo México, que impulsa la comercialización de productos nacionales elaborados por pequeños productores y artesanos.

Investigación aplicada en el territorio
El trabajo en los SIAL no es sólo conceptual. Implica investigación de campo, diagnóstico de actores, análisis de capacidades productivas y acompañamiento técnico.

Integrantes de la red han trabajado con nopaleros de Morelos y Milpa Alta, productores de chile de Yahualica, Jalisco, y de chile habanero en Yucatán. También han acompañado a productores del queso de Etla, en Oaxaca, en procesos para obtener reconocimiento geográfico que les permita diferenciar su producto en el mercado.

En la Sierra Tarahumara, por ejemplo, el apoyo se orientó a desarrollar capacidades para la deshidratación de productos locales, ampliando así su vida útil y posibilidades de comercialización.

"El acompañamiento institucional es clave. El respaldo de la UNAM facilita la interlocución con gobiernos y otras instancias", señala la investigadora.

Pequeños productores, grandes innovadores
Contrario a la idea de que los pequeños productores compiten directamente con las grandes agroindustrias, el enfoque SIAL propone que encuentren nichos específicos donde la diferenciación y la identidad territorial sean su principal fortaleza.

Recuperar saberes locales, fortalecer la organización y vincular productos a cadenas de distribución especializadas puede generar ingresos adicionales sin abandonar el autoconsumo ni la diversidad productiva.

"Recuperar estos productos y darles valor agregado regresa beneficios al territorio. No sólo se fortalece la economía local, también se preserva el capital social y cultural", concluye Jéssica Tolentino Martínez.

En un país con enorme diversidad biocultural como México, los Sistemas Agroalimentarios Localizados ofrecen una vía para repensar el campo no como espacio rezagado, sino como territorio de innovación, identidad y desarrollo sostenible.

Fuente: unamglobal.unam.mx

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