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Estrategias de manejo integrado para minimizar efecto de enfermedades fúngicas por climatología en los invernaderos de Granada

En conjunto, la situación fitosanitaria de los hortícolas protegidos en la provincia de Granada refleja el impacto indirecto de un invierno especialmente lluvioso, donde la elevada humedad ambiental ha favorecido principalmente enfermedades fúngicas y ha alterado el equilibrio biológico habitual. En este escenario, la vigilancia continua, la mejora de la ventilación y el manejo adecuado del riego, junto con estrategias de manejo integrado que combinen medidas culturales, biológicas y, cuando sea necesario, químicas, resultan fundamentales para estabilizar los cultivos y mantener la producción en las próximas semanas.

En la mayoría de las explotaciones, los cultivos se encuentran en fase de recolección, si bien en algunos casos los daños acumulados están provocando arranques anticipados y el inicio de nuevos ciclos.

En tomate, el estado fenológico dominante continúa siendo la recolección. No obstante, los daños derivados del temporal, especialmente problemas radiculares y pérdida de vigor, están condicionando la evolución de muchas plantaciones. Las enfermedades más destacadas en este cultivo son el mildiu (Phytophthora infestans) y la botritis (Botrytis cinerea). El mildiu presenta una incidencia notable, observándose síntomas en aproximadamente una de cada seis plantas, con máximos que alcanzan una de cada tres, y estando presente en dos de cada tres invernaderos. La elevada humedad relativa y las frecuentes condensaciones han favorecido su rápida propagación, provocando manchas necróticas, defoliaciones y pérdidas de producción. Por su parte, la botritis se detecta en una de cada cinco plantas, con máximos de una de cada cuatro, afectando a un tercio de los invernaderos muestreados. Esta enfermedad se ve favorecida por heridas y tejidos envejecidos, afectando tanto a tallos como a frutos y reduciendo la calidad comercial.

En pimiento, también en fase de recolección, se ha observado una cierta ralentización de la floración y, en consecuencia, de la producción. Durante los periodos más húmedos y fríos se produjo además una disminución importante de las poblaciones de insectos auxiliares, que comienzan ahora a recuperarse progresivamente. La enfermedad más relevante es la oídiopsis (Leveillula taurica), que afecta aproximadamente a una de cada dos plantas y está presente en la totalidad de los invernaderos evaluados. Esta patología reduce la superficie fotosintética y debilita considerablemente las plantas. La podredumbre gris (Botrytis cinerea) presenta menor incidencia, con síntomas en una de cada veinticinco plantas y presencia en un tercio de los invernaderos.

En cuanto a plagas, se han detectado pequeños focos de pulgón (Aphis gossypii y Aphis craccivora) en uno de cada cuatro invernaderos, generalmente con baja incidencia por planta, aunque su seguimiento es fundamental por el riesgo de transmisión de virosis.

En el cultivo de pepino, igualmente en recolección, los principales problemas han estado asociados a los fuertes vientos registrados durante los temporales, que han facilitado la entrada de plagas y causando daños mecánicos en la vegetación. Destaca la presencia generalizada del trips de las flores (Frankliniella occidentalis), detectado en todos los invernaderos muestreados y afectando a aproximadamente una de cada dos plantas. La actividad de los depredadores utilizados en control biológico, como Orius laevigatus y Amblyseius swirskii, ha sido hasta ahora limitada, lo que ha reducido la capacidad de regulación natural de la plaga. Asimismo, continúa siendo relevante el oídio de las cucurbitáceas (Sphaerotheca fuliginea), también presente en todos los invernaderos y con afección en torno a la mitad de las plantas, provocando pérdida de superficie foliar activa y merma en el rendimiento.

Fuente: juntadeandalucia.es

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