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Mujeres en el corazón de los sistemas agroalimentarios

La transformación sostenible de los sistemas agroalimentarios no ocurre únicamente en los territorios rurales donde se siembra y se cosecha. También se configura en laboratorios, mercados y espacios de decisión —desde la política pública hasta la agroindustria—, así como en redes de distribución y cadenas de valor que conectan la producción con millones de personas en todo el planeta. Lo que ocurre en las comunidades que producen alimentos repercute directamente en la estabilidad económica, la nutrición y la resiliencia climática a escala global. En ese entramado que sostiene la seguridad alimentaria, las mujeres desempeñan un papel estructural: producen, investigan, gestionan, articulan y toman decisiones que hacen posible que los alimentos estén disponibles hoy y en el futuro.

La evidencia es clara: cuando las mujeres prosperan en la ciencia y en la agricultura, las comunidades prosperan y el futuro se fortalece. La diversidad de perspectivas no solo amplía el conocimiento científico, sino que también mejora la pertinencia de las soluciones que buscan responder a desafíos complejos como el cambio climático, la degradación de suelos o la inseguridad alimentaria.

Con presencia en el Sur Global, particularmente en México y Centroamérica, CIMMYT ha consolidado en México una infraestructura científica activa en 16 estados, con 46 plataformas de investigación agronómica que generan evidencia en condiciones reales de producción. Estas plataformas funcionan como espacios de colaboración donde productores, técnicos, gobiernos estatales y sector productivo validan soluciones adaptadas a cada territorio. En este ecosistema —que conecta investigación, innovación y trabajo en campo— las mujeres participan como agricultoras, técnicas, investigadoras y lideresas comunitarias, fortaleciendo la capacidad colectiva para transformar los sistemas agroalimentarios.

© Cimmyt

En el sureste del país, en colaboración con el Gobierno de Quintana Roo y organizaciones locales, se han intervenido más de 10 000 hectáreas con prácticas sostenibles y se han probado 10 innovaciones agrícolas adaptadas a las condiciones regionales. Quince organizaciones comunitarias han fortalecido su acceso a mercados formales, mientras soluciones poscosecha han reducido pérdidas hasta en un 35 %. Sistemas participativos y casas de semillas han contribuido a reforzar la autonomía productiva y disminuir la dependencia de insumos externos.

En este proceso, la inclusión financiera y el fortalecimiento organizativo han sido determinantes. A través de este enfoque, se han fortalecido 15 organizaciones con 250 personas asociadas, duplicando las metas iniciales. La participación de mujeres ha alcanzado el 30 %, y jóvenes y mujeres lideran acciones de economía social en sus comunidades.

El incremento en la participación de las mujeres responde a estrategias orientadas a reducir las barreras de acceso a la capacitación, el financiamiento y la toma de decisiones. La implementación de modalidades formativas flexibles y de un acompañamiento técnico adaptado ha sido clave para fortalecer su involucramiento en los procesos de innovación agrícola.

Cinco organizaciones se han formalizado, se han desarrollado modelos de negocio comunitarios y se ha vinculado a productores con clientes reales, permitiendo capitalizar incrementos de rendimiento que, en algunos casos, pasaron de 700 kilogramos a dos toneladas mediante la adopción de innovaciones.

Para productoras como Sara Aguilar García, de la comunidad La Buena Fe, estos procesos representan cambios concretos en la forma de producir y decidir.

"La transición yo creo que se empieza es mental. Cuando nosotros cambiamos nuestra manera de pensar, cambiamos muchas cosas".

Aplicar prácticas más sostenibles y reducir el uso de químicos no ha sido solo una mejora técnica, sino una decisión vinculada a la salud y al futuro de su familia.

"Nosotros aprendemos cuando lo llevamos a la práctica".

© Cimmyt


El enfoque territorial del sureste dialoga con procesos similares en otras regiones del país. En el Bajío mexicano, una de las zonas agrícolas más importantes y con creciente presión hídrica, el proyecto Cultivando un México Mejor muestra resultados que ya están transformando los sistemas productivos. Entre 2016 y 2025, la adopción de prácticas sustentables en cultivos como la cebada permitió ahorrar más de 1.5 millones de metros cúbicos de agua. La combinación de agricultura regenerativa y riego tecnificado redujo hasta en un 40 % el uso de agua por hectárea y generó incrementos de rendimiento de hasta 16 %, contribuyendo a la sostenibilidad económica en la región.

En estas plataformas, mujeres técnicas y profesionales participan activamente en la adopción de prácticas regenerativas, en la gestión eficiente del agua y en la toma de decisiones productivas que impactan cadenas de valor completas. Al mismo tiempo, mujeres científicas lideran investigaciones estratégicas en cultivos como maíz y trigo, generando evidencia que respalda políticas públicas e inversiones. También existen mujeres en espacios de decisión que impulsan modelos agrícolas sustentados en conocimiento científico, articulando alianzas que permiten que las innovaciones escalen.

La inclusión de mujeres en la producción, la investigación, el financiamiento y la gobernanza agrícola no responde únicamente a un principio de equidad. Es una condición para enfrentar los desafíos contemporáneos de los sistemas agroalimentarios. Su participación fortalece la pertinencia social de las intervenciones, mejora la resiliencia comunitaria y asegura que las respuestas técnicas dialoguen con realidades concretas.

La inclusión financiera ha funcionado como una palanca estructural para la resiliencia territorial. Más allá del acceso a mercados, fortalece la capacidad organizativa, mejora la negociación en las cadenas de valor y permite capitalizar los incrementos de productividad. De esta manera, conecta la innovación agrícola con sostenibilidad económica y mayor autonomía en la toma de decisiones, especialmente para mujeres y jóvenes.

Reconocer el papel de las mujeres en el corazón de los sistemas agroalimentarios implica también un compromiso de continuidad. CIMMYT reafirma su decisión de seguir trabajando junto a agricultoras, científicas, técnicas y lideresas, fortaleciendo redes de innovación y promoviendo soluciones basadas en evidencia que contribuyan a sistemas alimentarios más justos y resilientes.

Fuente: www.cimmyt.org

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