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Un potencial en la agricultura de precisión frenado por la normativa aérea

En el marco del 18º Symposium de Sanidad Vegetal, celebrado en Sevilla del 4 al 6 de marzo de 2026, uno de los temas que ha despertado mayor interés entre investigadores, técnicos y administraciones ha sido el uso de drones en la protección de cultivos. Para el sector, esta tecnología representa una herramienta con un enorme potencial, pero todavía está condicionada por importantes limitaciones regulatorias.

Carlos León, presidente del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Agrícolas de Andalucía Occidental (COITAND) —entidad organizadora del encuentro—, subraya que el simposio llega en un momento especialmente relevante para el debate normativo europeo sobre fitosanitarios y nuevas tecnologías. "Estamos muy ilusionados por el interés que ha vuelto a despertar esta edición. Hay ilusión y responsabilidad, que son dos cosas muy importantes", explica León sobre las primeras horas del evento, destacando la oportunidad que supone este foro para trasladar propuestas concretas a la futura regulación europea.

Actualmente la Unión Europea está discutiendo el denominado reglamento Ómnibus de simplificación, una iniciativa que busca revisar distintos marcos normativos vinculados al sector agrario. "En ese contexto, el simposio puede aportar conocimiento técnico y científico que ayude a mejorar algunos aspectos de la normativa", señala.

Uno de los debates más relevantes gira en torno a los productos biorracionales, sustancias consideradas seguras para la salud humana cuyo proceso de autorización todavía resulta lento. Para León, si el número de materias activas disponibles continúa reduciéndose, resulta imprescindible agilizar tanto los procedimientos de registro como las tecnologías de aplicación. "Si cada vez tenemos menos sustancias activas, tenemos que agilizar los procesos. Y también la aplicación con drones", afirma.

"Una aplicación aérea con drones puede ser más sostenible que incluso una aplicación terrestre"
En el caso de los drones agrícolas, el principal obstáculo no es tecnológico, sino regulatorio. Actualmente estos dispositivos se consideran aeronaves, lo que implica que quedan sujetos a la normativa del espacio aéreo y a la supervisión de las autoridades de tráfico aéreo. Esta clasificación genera una serie de restricciones que, según León, "no se corresponden con la realidad operativa de estos equipos".

Los estudios realizados en los últimos años apuntan a que la aplicación mediante drones puede ser incluso más precisa que otros sistemas tradicionales. "Ya se ha demostrado que una aplicación aérea con drones tiene menos deriva y, por lo tanto, puede ser más sostenible que incluso una aplicación terrestre", señala.

© Quality Drone Coating

"A diferencia de las antiguas avionetas agrícolas, que operaban a mayor altura y podían generar dispersión de producto, los drones trabajan a apenas dos o tres metros del cultivo, lo que reduce significativamente el riesgo de contaminación de cauces de agua o zonas colindantes".

Simplificar el registro de productos
Otro de los grandes retos es el registro de productos fitosanitarios para aplicación aérea. "En la actualidad, la normativa europea exige un registro específico para este tipo de aplicaciones, lo que limita enormemente la disponibilidad de productos autorizados".

"A nivel europeo hay muy pocos productos registrados para aplicación aérea", recuerda León. "Por ello, el sector reclama que los productos ya autorizados para aplicación terrestre puedan utilizarse también con drones".

Esta adaptación normativa permitiría aprovechar plenamente las ventajas de la tecnología: tratamientos más localizados, reducción de la deriva y un uso más eficiente de los insumos.

Una herramienta para una agricultura más eficiente
Más allá de las cuestiones regulatorias, el sector coincide en que los drones pueden convertirse en una herramienta clave para la sanidad vegetal del futuro. Su capacidad para realizar aplicaciones precisas permite intervenir exactamente en las zonas donde aparece el problema fitosanitario.

"Podemos aplicar de una manera mucho más localizada, donde está realmente el problema, con menos deriva", explica León. Esto se traduce no solo en beneficios ambientales, sino también en un ahorro económico para los agricultores al reducir el consumo de fitosanitarios.

Desde esta perspectiva, la combinación de drones, nuevas sustancias biorracionales y marcos regulatorios más ágiles podría marcar un cambio significativo en la forma de gestionar plagas y enfermedades en los cultivos.

"El objetivo es claro: controlar plagas y enfermedades de una manera más eficiente", concluye León.

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