La empresa mexicana Argaman, una compañía con cerca de dos décadas de trayectoria en la producción de hortalizas en Jalisco, ha pasado de estar fuertemente enfocada en el tomate a convertirse en un referente en la producción de mini pimiento dulce sin semilla.
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Como explica Eduardo Becerra, este cambio fue el resultado de una transición progresiva condicionada por factores externos e internos, en la que el virus rugoso del tomate actuó como detonante inicial, obligando a replantear la estructura productiva y abriendo la puerta al mini pimiento como un cultivo alternativo con mayor estabilidad agronómica y potencial de mercado.
"Veníamos de un problema fuerte de virosis y fuimos cambiando superficie hacia los pimientos. Empezamos a trabajar con el morrón y decidimos plantar unas 2-3 hectáreas de mini sweet, con el que tuvimos un gran éxito. Tanto, que hoy en día ya alcanzamos las 24 hectáreas".
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De variedades rústicas a materiales altamente productivos
Uno de los factores determinantes en esta evolución ha sido la mejora genética, señala Eduardo, que en apenas tres años ha transformado radicalmente el comportamiento del cultivo, "tanto en términos de productividad como de estabilidad agronómica".
"Pasamos de materiales iniciales con limitaciones claras a variedades capaces de sostener ciclos mucho más largos y rendimientos significativamente superiores", prosigue. "Al principio eran variedades muy rústicas, muy generativas, con semillas, y poco adaptadas a temperaturas altas o manejos intensivos, pero en este tiempo tanto la genética como nuestro conocimiento evolucionaron en paralelo", explica, subrayando que el progreso no ha sido unilateral, sino el resultado de una interacción constante entre planta y productor.
Esta evolución se refleja de forma especialmente clara en los ciclos productivos, que han pasado de duraciones de 25-29 semanas a ciclos de hasta 40-42 semanas de producción efectiva, configurando ciclos prácticamente anuales que optimizan el uso de la infraestructura y mejoran la rentabilidad por metro cuadrado.
"Sin embargo, el verdadero salto ha estado en la adaptación del manejo agronómico, ya que el mini pimiento seedless presenta particularidades fisiológicas que obligan a replantear completamente la forma de trabajar, especialmente en lo relativo a la floración y cuajado del fruto".
© Argaman"Al no tener polen, la flor no se comporta como en otros pimientos, por lo que tienes que trabajar mucho más el equilibrio para evitar la caída", explica Eduardo, "con un control mucho más preciso del clima, la fertilización y la energía disponible para la planta".
"En este sentido, el concepto de balance energético adquiere un papel central, especialmente en condiciones de baja radiación, donde la planta necesita compensar la falta de luz mediante ajustes en la nutrición que permitan mantener la viabilidad de la floración y reducir los abortos".
La localización de los invernaderos de media-alta tecnología de Argaman en Jalisco introduce una variable adicional que condiciona el comportamiento del cultivo, ya que se trata de una zona con una estacionalidad marcada en términos de luz y temperatura, lo que obliga a adaptar el manejo en función de la época del año.
"Durante el verano, la disponibilidad térmica favorece el desarrollo, pero puede verse limitada por la falta de radiación en periodos de lluvia, mientras que en invierno ocurre el fenómeno inverso, con mayor luz pero temperaturas más bajas que ralentizan la actividad de la planta, generando un escenario en el que el cultivo debe ser empujado mediante ajustes técnicos para mantener su rendimiento".
El mercado valida la apuesta de Argaman
Si bien el origen del cambio estuvo marcado por la necesidad, su consolidación vino impulsada por el mercado, que muestra una demanda creciente de mini sweets seedless.
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"El mercado quiere seedless; tanto, que cada vez vemos más empresas que están entrando en este cultivo", señala Eduardo, confirmando que no se trata de un fenómeno aislado, sino de una tendencia que se está extendiendo en distintas regiones productoras de México. Este crecimiento se vio reforzado por factores adicionales, como el contexto regulatorio en torno al tomate y la cuota adicional antidumping que incentivaron a los productores a diversificar hacia cultivos de mayor valor añadido, entre los que el pimiento ocupa un lugar destacado.
"En Argaman, de hecho, tenemos la proyección de seguir apostando por el mini sweet seedless, crecer en área y mejorar el manejo para alcanzar mayores rendimientos", explica. "La demanda en el mercado de exportación es un buen motivo para crecer, pero sobre todo, el conocimiento técnico que hemos adquirido en este cultivo, que nos aporta una gran ventaja para obtener una producción de alta calidad durante todo el año".
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