El precio del tomate fresco en Estados Unidos alcanzó su nivel más alto en ocho años, con un aumento de casi 23% respecto al año anterior. Según ABC News, el valor promedio de una libra se sitúa en USD 2,26. Forbes indica que los tomates Roma registran precios nacionales cercanos a USD 2,75 por libra, y hasta USD 2,49 en Los Ángeles.
La evolución del mercado se vincula a la dependencia de tomate importado de México. De acuerdo con el Departamento de Agricultura de Estados Unidos y Forbes, México suministra aproximadamente dos tercios de los tomates frescos consumidos en Estados Unidos, con importaciones valoradas en USD 3.000 millones anuales.
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Sobre ese flujo comercial, la aplicación de un arancel del 17%, tras el retiro del Acuerdo de Suspensión de Tomates en julio pasado, está trasladando costes a la cadena. Proyecciones de la Universidad Estatal de Arizona muestran que esta medida incrementa el precio al consumidor entre 7% y 10%. Otro análisis sectorial financiado por la industria y citado por Forbes advierte que el encarecimiento de ciertas variedades puede alcanzar un 52%.
El texto añade que México estableció precios mínimos para sus exportaciones, elevando el piso de los costes de exportación y generando un efecto en productores, distribuidores y el consumo final.
Además del componente arancelario, el mercado del tomate afronta presión por el aumento del coste energético. Según Forbes, el precio promedio del diésel alcanza USD 5,64 por galón, un alza superior al 33% respecto al periodo anterior al inicio de las hostilidades vinculadas al conflicto en Irán. En California, el precio supera los USD 7,50 por galón. Este coste afecta la logística de frutas y hortalizas transportadas desde campos mexicanos hasta ciudades estadounidenses.
El incremento de costes también afecta a la producción. Los fertilizantes nitrogenados, elaborados a partir de gas natural, han subido de precio. Según Forbes, cerca de una quinta parte del gas natural licuado mundial circula por el Estrecho de Ormuz, por lo que cualquier interrupción en esa ruta incrementa el coste del amoníaco y la urea, insumos utilizados en el cultivo de tomate. Cuando los fertilizantes suben de precio, la siguiente cosecha resulta más costosa y puede reducirse el volumen producido.
El alza no se limita al tomate. Según el Buró de Estadísticas Laborales, los alimentos en supermercados aumentaron casi 2% en marzo frente al año anterior, mientras que frutas y verduras registraron un incremento interanual del 4%. Entre las alternativas citadas por Forbes figuran tomates enlatados o en frasco, producción local en California y segmentos como cherry o grape, con mayor diversificación y menor exposición a tarifas e interrupciones logísticas.
Fuente: www.infobae.com