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Finca experimental de CASI en el centro Tecnova

“Antes de que el mercado decida, aquí ya se sabe qué tomate funcionará dentro de tres años”

En Almería, existen espacios que no están diseñados para producir más, sino para equivocarse mejor, anticipando decisiones en condiciones reales de cultivo, como la finca experimental de CASI, la mayor cooperativa de tomates de España que integrada un sistema productivo de aproximadamente 2.000 hectáreas entre todos sus socios. El objetivo de esta finca no es maximizar el rendimiento inmediato, sino reducir la incertidumbre futura mediante un enfoque sistemático de ensayo, validación y descarte.

"Queríamos disponer de un entorno propio en el que poder probar aquello que en una finca comercial no es viable", explica Juan Jesús Lara, gerente de CASI, en una visita a la finca experimental situada en las instalaciones de Tecnova. "La lógica no es únicamente testar variedades para validarlas a nivel comercial, sino construir conocimiento aplicable sobre fertilización, microbiología, riego o sensorización en condiciones controladas pero representativas de las de un invernadero comercial en Almería".

Un laboratorio vivo con 60 variedades en paralelo
El modelo elegido responde a una decisión deliberada: trabajar en un invernadero lo más parecido posible al que utilizan los agricultores de la cooperativa, garantizando así que cualquier conclusión obtenida tenga una transferencia directa al campo. Esta premisa condiciona todo el planteamiento agronómico, desde la conducción del cultivo hasta la gestión climática, evitando introducir variables que luego no puedan reproducirse fuera del entorno experimental.

"En este espacio conviven actualmente alrededor de 60 variedades de tomate, algunas ya presentes en el mercado y otras todavía en fase precomercial identificadas únicamente por códigos internos, lo que permite trabajar simultáneamente en distintas fases del ciclo de innovación", prosigue Juan Jesús. "Cada planta se somete a un proceso exhaustivo de caracterización que va mucho más allá de los parámetros visuales, incorporando mediciones de calibre, firmeza, comportamiento postcosecha, perfil organoléptico y respuesta agronómica".

El criterio de selección responde a un equilibrio complejo entre productividad, calidad y viabilidad logística. "Puedes tener un tomate excelente en campo, pero si en cinco horas pierde firmeza, no sirve para exportación. Cuando tiene que viajar cinco o seis días, la genética tiene que garantizar que llegue en condiciones óptimas", señala, poniendo el foco en un factor muy importante para los tomates de CASI, con un marcado carácter exportador.

El modelo permite adelantar decisiones estratégicas varios años antes de que las variedades lleguen al mercado, filtrando de forma temprana aquellas opciones que, aunque prometedoras en fase inicial, no cumplen los requisitos en condiciones reales. "El agricultor no puede permitirse experimentar, ya que cada campaña implica una inversión significativa en insumos, mano de obra y gestión. Por eso desde la cooperativa llevamos a cabo este proceso, de forma que podamos ofrecer a nuestros socios el mejor consejo y las mejores opciones para cultivar".

El suelo como variable estratégica olvidada
El enfoque no se limita a la genética. Uno de los proyectos más relevantes en marcha, con horizonte a tres años, se centra en el suelo: el proyecto Prosuelo.

Después de décadas de cultivo intensivo, el objetivo es identificar posibles signos de agotamiento y encontrar soluciones basadas en microorganismos y enmiendas orgánicas que permitan recuperar la calidad del suelo. "Después de 60 o 70 años cultivando, es lógico pensar que el suelo ha sufrido transformaciones, y queremos adelantarnos a ese problema antes de que impacte de forma crítica en la producción", explican, subrayando que el objetivo no es solo diagnosticar, "sino ofrecer recomendaciones concretas a los agricultores".

En paralelo, se desarrollan ensayos específicos en condiciones de estrés —hídrico, nutricional o biológico— sobre patrones de injerto, comportamiento radicular y adaptación a distintos tipos de suelo, lo que configura un enfoque integral en el que la planta no se analiza de forma aislada, sino como parte de un sistema complejo.

La incorporación de tecnología en el control de plagas introduce una nueva dimensión en la gestión agronómica, especialmente en el caso de la Tuta absoluta, donde la detección temprana resulta clave para evitar daños significativos.

Uno de los ensayos más avanzados integra trampas con feromonas, cámaras y sistemas de transmisión de datos vía satélite, capaces de capturar imágenes periódicas y cuantificar la presencia de la plaga. El objetivo, sin embargo, no se limita a monitorizar, sino a construir modelos predictivos que permitan anticipar el momento óptimo de intervención, reduciendo tanto el uso de fitosanitarios como el impacto económico.

Virus y resistencia
Actualmente, un elemento de la ecuación introduce una incertidumbre adicional en el cultivo del tomate: el virus del rugoso, cuya complejidad sigue desafiando tanto a agricultores como a empresas de semillas. Y a pesar de los avances en genética, el concepto de "resistencia" continúa siendo ambiguo y, en muchos casos, insuficiente desde el punto de vista productivo.

"Una variedad puede catalogarse como resistente y, sin embargo, comportarse de forma irregular en campo", explica. "La planta puede no mostrar daños visibles, pero el virus sigue presente, haciendo que las plantas pierdan rendimiento e infectando a las demás plantas".

Y es que el patógeno presenta una capacidad de propagación extremadamente elevada, con una transmisión mecánica y es altamente estable, lo que dificulta su control incluso en sistemas bien gestionados. "Afortunadamente, la colaboración con centros especializados como IFAPA permite realizar ensayos de inoculación controlada en laboratorio, generando información crítica que no puede obtenerse en condiciones de campo debido a las restricciones sanitarias".

Innovar sin perder de vista el mercado
A medida que se avanza en la mejora técnica, también se exploran oportunidades de diferenciación comercial, especialmente a través de variedades con características visuales o funcionales distintivas, como tomates de colores o perfiles antioxidantes elevados. Sin embargo, el mercado impone sus propias limitaciones, ya que no todas las innovaciones son escalables, lo que obliga a equilibrar el valor añadido con la capacidad de absorción comercial.

"Cada planta, cada ensayo, cada error tiene un propósito: reducir la probabilidad de fallo. Porque en un entorno donde confluyen la presión de los virus, las exigencias logísticas, el desgaste del suelo y la volatilidad del mercado, la verdadera ventaja competitiva no está en producir más, sino en decidir mejor".

"Y esa decisión, en muchos casos, ya se ha tomado aquí", concluye Juan Jesús.

Para más información:
CASI
Carretera Níjar la Cañada, s/n 04120 Almería
T. (+34) 950 626 007
[email protected]
www.casi.es

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