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Las semillas del tomate: cuándo retirarlas y cuándo mantenerlas

En la cocina, retirar o no las semillas del tomate depende del uso final del fruto. La duda aparece en preparaciones como salsas, ensaladas o bocadillos, pero no responde a un problema de salud, ya que durante años se pensó que las semillas del tomate dificultaban la digestión o podían causar problemas intestinales. Sin embargo, la ciencia lo ha desmentido: no provocan gastritis, no se adhieren a las paredes del intestino y no aumentan el riesgo de cálculos renales. Por tanto, no hay motivo de preocupación por su consumo.

© Opreanu Roberto Sorin | Dreamstime

Las semillas contienen fibra, licopeno, un antioxidante, y aceites saludables para el corazón. Al retirarlas, se pierde una parte del valor nutricional del tomate. En el consumo diario, como en ensaladas, sofritos o platos caseros, no hace falta quitarlas. Además, por su alto contenido de fibra, contribuyen a aumentar la sensación de saciedad.

Sin embargo, hay contextos culinarios en los que sí conviene retirarlas. En salsas finas, cremas o jugos, pueden aportar una textura granulosa. En platos de sabor delicado, su acidez puede alterar el perfil deseado. También influyen en la presentación cuando se busca un puré uniforme y sin semillas. En estos casos, la retirada responde a criterios de textura, acidez y acabado visual, no a una cuestión sanitaria.

En la práctica, no hay una regla única. Si el objetivo es facilitar el trabajo en la cocina y aprovechar todo el fruto, el tomate puede usarse entero. Si se busca una salsa o un sofrito con una textura más fina, puede resultar útil retirar las semillas antes de procesar.

En resumen, las semillas del tomate se pueden consumir sin problema. Su retirada depende del tipo de elaboración y del resultado que se quiera obtener.

Fuente: www.msn.com

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