En el corazón agrícola de Cartago, una de las regiones más productivas de Costa Rica y, al mismo tiempo, una de las más marcadas por los desafíos asociados a la intensificación agrícola, la historia de Joana da Silva demuestra que cada decisión en el campo marca una diferencia dentro de la cadena alimentaria.
"Somos venezolanos de origen, y llevamos ya para 12 años en Costa Rica", comienza explicando Joana. "Nuestro papá ya era agricultor en Venezuela, y decidió emprender un proyecto familiar con la ambición de introducir tecnología de invernadero en nuestra producción para llevar a los consumidores hortalizas de la mejor calidad".

"Este proceso de adaptación no fue únicamente técnico, sino también regulatorio, ya que nuestra explotación ha alcanzado la certificación del servicio fitosanitario estatal, una garantía que implica auditorías constantes y un control exhaustivo tanto de la carga química como microbiológica de los productos".
El nivel de exigencia fitosanitaria, de hecho, se amplifica al trabajar con cadenas de distribución como Automercado, orientadas a un consumidor de poder adquisitivo medio-alto y caracterizadas por protocolos de control particularmente estrictos. "La trazabilidad y la inocuidad no son negociables, lo que nos ha llevado a la explotación a adoptar un enfoque progresivo hacia una agricultura más biológica, reduciendo al máximo la dependencia de insumos químicos convencionales".
"Sabemos que la carga química y la residualidad en los productos son nocivas para el organismo, y la alimentación cotidiana no debe convertirse en un vector silencioso de exposición a sustancias no naturales. Fue este planteamiento el que nos impulsó en la búsqueda constante de soluciones que permitan mantener la productividad sin comprometer la salud de los consumidores ni de nuestros trabajadores; y es precisamente en este punto donde la tecnología de Biocaptur entró en escena como una pieza clave dentro de nuestra estrategia orientada a reducir la presión química sobre los cultivos", señala Joana.

"La adopción de Biocaptur responde tanto a una lógica agronómica como económica"
La explotación ha trabajado con diferentes producciones, desde chile morrón hasta pepino mini, vainica y tomate cherry, todos ellos particularmente sensibles a la presión de plagas en un clima tropical que Joana describe como "perfecto para la reproducción masiva".
La Tuta absoluta es uno de los ejemplos más ilustrativos de este desafío: una plaga que, según explica, genera pérdidas significativas en términos de volúmenes descartados. "La cantidad de kilos que se tienen que desechar por la Tuta es altísima", comenta, al igual que el impacto económico directo que este tipo de amenazas tiene sobre explotaciones intensivas, especialmente cuando las soluciones tradicionales implican un incremento en el uso de productos químicos cada vez más costosos. De hecho, la adopción de Biocaptur respondió tanto a una lógica agronómica como económica".
"Los productores nos enfrentamos al reto de producir mejor, y no simplemente más"
"Tenemos instalados dos dispositivos, y la plaga se controla en todo el recinto desde el primer momento", prosigue Joana. "En las primeras semanas de uso, vimos una acumulación significativa de insectos capturados, lo que indicaba el nivel real de plaga que teníamos, pero, poco a poco, ha ido disminuyendo y, al controlar las poblaciones, hemos dejado de tener pérdidas en nuestra producción".
"Cabe destacar que nuestros invernaderos no son completamente cerrados, por lo que Biocaptur controla no solo la población de nuestra finca, sino que también reduce progresivamente la presión de plagas en el entorno de cultivo, ayudando a que toda la zona se limpie de plagas y no haya focos que infecten las plantaciones de los vecinos".
"La reducción, además, no se limita a la Tuta, sino a todos los insectos voladores, y por ello hemos ampliado el uso del Biocaptur también a nuestra plantación de pepinos y otras hortalizas".

Joana da Silva está muy satisfecha con los resultados de Biocaptur, diseñado y patentado por ATG Ingeniería. "Es cierto que hay que hacer una inversión inicial, pero la reducción del uso de agroquímicos, especialmente los de mayor potencia aplicados de forma recurrente, se traduce en un beneficio económico acumulado que compensa la inversión, al tiempo que mejora la calidad del producto final".
"La calidad es, de hecho, lo que nos mantiene como proveedores de las mejores cadenas de distribución en el país", destaca. "Además, saber que estoy llevando a la mesa de los costarricenses productos sin residualidad es un orgullo. La provincia de Cartago presenta la tasa de incidencia de cáncer gástrico más alta de Costa Rica, y este dato debería impulsar una transformación más decidida hacia modelos productivos menos dependientes de la química y del uso de herramientas como Biocaptur".
"A veces cuesta dar el paso a la adopción de nuevas tecnologías, pero trae muchos beneficios: debemos de recordar que todos los productores nos enfrentamos al reto de producir mejor, y no simplemente más".
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Biocaptur
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biocaptur.com