Para poder defenderse, los organismos necesitan primero identificar al "enemigo". En el caso de las plantas, este proceso es crucial, ya que carecen de un sistema inmunitario adaptativo, basado en células inmunitarias, como el de los animales. En su lugar, utilizan un sofisticado sistema de vigilancia basado en receptores anclados en la superficie de las células, capaces de detectar señales de peligro procedentes de microorganismos o del daño en sus propios tejidos.
Un reciente trabajo de revisión analiza en profundidad cómo funcionan estos mecanismos de reconocimiento, centrándose en señales basadas en carbohidratos o glicanos. Fragmentos de estas moléculas, presentes tanto en microorganismos como en las propias paredes celulares de las plantas, actúan como auténticas "alarmas" que activan las respuestas defensivas.
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El estudio destaca que plantas y animales cuentan con una gran diversidad de receptores en la superficie celular, que actúan como centinelas capaces de reconocer de forma selectiva estas señales, aunque el conocimiento molecular de estos procesos está mucho más avanzado en animales que en plantas. Gracias a avances recientes en biología estructural, los investigadores del CBGP han podido describir en detalle cómo los receptores vegetales interactúan con los glicanos, comparándolos con los mecanismos de animales, donde existe un conocimiento más consolidado.
Los resultados indican que, pese a la presencia de elementos estructurales comunes y ciertos motivos compartidos, plantas y animales han desarrollado estrategias distintas para reconocer estas señales de peligro, reflejo de sus trayectorias evolutivas independientes. "Creemos que descifrar cómo los receptores de reconocimiento de patrones (PRRs) de las plantas se unen a los carbohidratos es un paso clave para entender los mecanismos fundamentales de la inmunidad en los organismos eucariotas", señalan los autores. Además, destacan que integrar el conocimiento obtenido en plantas y animales permite identificar principios comunes y diferencias clave en estos procesos.
Más allá del conocimiento básico, estos avances abren la puerta a aplicaciones prácticas. El uso de glicanos y de sus receptores podría convertirse en una herramienta sostenible para reforzar la inmunidad de los cultivos y mejorar su resistencia frente a enfermedades, un objetivo crucial para avanzar hacia sistemas agrícolas más eficientes y respetuosos con el medio ambiente.
Fuente: www.cbgp.upm.es