En 2026, México consolida su papel en la agricultura basada en bioinsumos, con un mercado que supera los US$650 millones y una mayor inserción en los flujos del comercio agro entre EE. UU. y América Latina. El avance responde a la demanda de productos con menor huella ambiental y mayor trazabilidad, lo que posiciona al país en las cadenas de valor agroalimentarias.
América Latina mantiene en 2026 su condición de región líder en crecimiento del mercado de bioinsumos, con proyecciones que superan los US$2.340 millones hacia 2030. En este escenario, México acelera su participación, apoyado en su integración comercial, en su base exportadora y en la tecnificación del agro. La participación de México pasa del 12% en 2021 al 20% proyectado para 2029, mientras que el mercado regional evoluciona de US$1.200 millones a US$2.340 millones en 2030, con un crecimiento anual del 10-12%.
La demanda de Estados Unidos sigue siendo un motor de esta evolución. La producción mexicana de frutas y hortalizas, con manejo tecnificado, se adapta a las exigencias de calidad, inocuidad y normas fitosanitarias en el marco del T-MEC. En paralelo, la región avanza en su integración con bloques como MERCOSUR y la Alianza del Pacífico, ampliando los mercados y reduciendo las barreras comerciales.
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El crecimiento mexicano se vincula con la adaptación a tendencias globales de consumo, donde la sustentabilidad y la trazabilidad operan como requisitos de acceso a mercado. A esto se suma la incorporación de la biotecnología, la agricultura digital y soluciones basadas en bioinsumos, con impacto en la productividad agrícola.
Según los datos aportados, el uso de bioinsumos se asocia con aumentos de rendimiento de entre 9% y 12%, una reducción del uso de agua del 25% y una baja de insumos químicos de entre 30% y 40%. Estos cambios inciden en la productividad, la gestión hídrica y el manejo de insumos en sistemas productivos intensivos.
México cuenta, además, con un ecosistema de más de 40 empresas de bioinsumos. Al mismo tiempo, su posicionamiento internacional enfrenta exigencias regulatorias más estrictas, barreras no arancelarias y la competencia de economías subsidiadas. El uso de bioinsumos también se expande a cultivos como cítricos, banano y agave, ampliando su alcance dentro de la matriz productiva.
Fuente: www.agrolatam.com