Un artículo de Frontiers in Horticulture aborda el uso generalizado pero incoherente del término "sustratos de cultivo sostenibles" en los sectores de la horticultura y los invernaderos. La publicación, autoría de un grupo internacional de investigadores y expertos del sector entre los que se encuentra el Dr. Alexander Sentinella, de Growing Media Europe, examina cómo se ha diluido el término y propone un enfoque más riguroso y basado en pruebas.
"El término se utiliza para casi todo", afirma Sentinella. "Junto con términos como 'verde' o 'respetuoso con el clima', empieza a perder cualquier significado útil". Los autores sostienen que esta falta de precisión socava tanto la comparabilidad de la investigación como la toma de decisiones informadas en la producción comercial.
Conceptos erróneos y simplificación excesiva
El documento destaca una tendencia común a equiparar la sostenibilidad con atributos individuales como la renovabilidad, la circularidad o la ausencia de turba. "La gente confunde la sostenibilidad con conceptos individuales como la huella climática o la renovabilidad, pero no son intercambiables", explica. Etiquetas como "libre de turba" se consideran particularmente problemáticas, ya que a menudo se interpretan como indicadores de beneficios ambientales sin respaldo de datos.
"Sin turba" significa simplemente que no hay turba en la mezcla. No demuestra un menor impacto ambiental ni una mayor sostenibilidad, a menos que esto se mida realmente". Los autores advierten de que tales suposiciones corren el riesgo de inducir a error tanto a productores como a responsables políticos.
Un concepto multidimensional y dependiente del sistema
Un aspecto central del documento es el reconocimiento de que la sostenibilidad de los medios de cultivo abarca tres pilares interconectados: el medioambiental, el económico y el social. El impacto medioambiental incluye no solo la huella climática, sino también el uso de la tierra y del agua. La sostenibilidad económica se refiere al coste, la disponibilidad y la coherencia, mientras que la sostenibilidad social abarca las condiciones laborales, la salud y la seguridad.
"Un producto puede tener un buen rendimiento medioambiental, pero no económico ni social. Estas compensaciones son inevitables y deben reconocerse". El documento subraya que la sostenibilidad no puede atribuirse a materiales concretos de forma aislada, sino que debe evaluarse dentro de todo el sistema de producción. "Los sustratos de cultivo forman parte de un sistema hortícola más amplio. Un sustrato con una menor huella de producto, que reduce el rendimiento, puede conducir a un peor resultado global cuando se consideran los impactos totales de la producción".
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De las suposiciones a la medición
Para mejorar la claridad, los autores abogan por evaluaciones mensurables y basadas en el sistema. Las metodologías del ciclo de vida se identifican como herramientas fundamentales, entre ellas la Evaluación del Ciclo de Vida (ECV) medioambiental, el Cálculo del Coste del Ciclo de Vida (CCV) y la Evaluación del Ciclo de Vida Social (ECV-S). Esta última sigue los marcos desarrollados por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la SETAC, y permite evaluar el impacto en los trabajadores, las comunidades y las cadenas de suministro.
"La mayoría de las conversaciones se centran en reducir las huellas, pero necesitamos medirlas realmente. Los resultados pueden no coincidir con las expectativas, que es exactamente por lo que es necesaria la medición".
El documento también señala que los impactos sociales siguen infrarrepresentados en las evaluaciones actuales, a pesar de las metodologías disponibles que consideran factores como los derechos laborales, la salud ocupacional y los efectos en la comunidad a lo largo de la cadena de valor.
Directrices para un uso responsable del término
En lugar de proponer una definición universal, los autores esbozan las condiciones mínimas para emplear el término "medios de cultivo sostenibles" de manera responsable. Entre ellas se encuentran definir explícitamente el alcance de las afirmaciones, identificar qué pilares de sostenibilidad se abordan y respaldar las declaraciones con datos verificables. Se desaconsejan las afirmaciones absolutas a favor de un lenguaje comparativo y contextual.
"El mejor paso adelante es utilizar una terminología más precisa", aconseja el Dr. Sentinella. "Si quiere decir menor impacto ambiental, dígalo y mídalo".
Implicaciones para la industria y la política
Las conclusiones tienen implicaciones prácticas para productores, proveedores y responsables políticos. El documento advierte del peligro de basarse en indicadores indirectos, como la reducción de turba, para medir la sostenibilidad. "Si la política se centra en un único atributo, corre el riesgo de pasar por alto repercusiones más amplias. Necesitamos basar las decisiones en resultados medidos en las dimensiones medioambiental, económica y social".
Los autores concluyen que el progreso en medios de cultivo sostenibles dependerá menos de redefinir el término y más de mejorar cómo se generan y se comunican las pruebas. "Es mejor decir 'más sostenible' y explicar por qué. Definiciones claras e indicadores medibles son esenciales para lograr un progreso significativo en el sector de los invernaderos".
Aquí puede leer el documento final publicado.
Para más información:
Growing Media Europa
Dr. Alexander Sentinella, coautor
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