Durante décadas, el plástico ha sido un aliado clave para el desarrollo agroalimentario, desde los sistemas de riego hasta los envases que protegen los alimentos. Sin embargo, el aumento de los microplásticos y nanoplásticos en suelos, aguas y alimentos ha encendido las alertas del sector.
La FAO advirtió recientemente que los suelos agrícolas podrían acumular incluso más microplásticos que los océanos, mientras distintos organismos internacionales señalan que la agricultura no solo sufre las consecuencias de esta contaminación, sino que también contribuye a su dispersión.
Además del impacto ambiental, el problema ya se considera un reto de sostenibilidad y seguridad alimentaria. Estudios como uno de WWF estiman que una persona podría ingerir alrededor de 5 gramos de plástico por semana, aunque los efectos biológicos exactos siguen bajo investigación.
© Plataforma Tierra / Fundación Grupo Cajamar
Qué son los microplásticos y nanoplásticos
Los microplásticos son partículas de polímeros sintéticos inferiores a 5 milímetros, formadas principalmente por materiales como polietileno, polipropileno o poliestireno. Su reducido tamaño facilita su dispersión por el aire, el agua y el suelo, convirtiéndolos en contaminantes persistentes y difíciles de controlar.
Cuando estas partículas continúan degradándose surgen los nanoplásticos, de menos de 1 micrómetro. Su tamaño les permite atravesar barreras celulares, aumentando la preocupación toxicológica debido a su potencial capacidad de penetrar tejidos biológicos.
La producción mundial de plástico sigue creciendo
La fabricación de plástico se ha disparado en las últimas décadas. De apenas 1,5 millones de toneladas anuales en 1950, el volumen mundial supera hoy los 400 millones de toneladas.
Según la OCDE, la producción global pasó de 234 millones de toneladas en 2000 a 460 millones en 2019, mientras que los residuos plásticos aumentaron de 156 a 353 millones de toneladas.
En paralelo, el UNEP advierte que los residuos plásticos que llegan a ecosistemas acuáticos podrían alcanzar entre 23 y 37 millones de toneladas anuales en 2040 si no se aceleran las medidas de mitigación.
Por qué preocupan en agricultura
Los microplásticos destacan por su persistencia, movilidad y capacidad de actuar como vectores de contaminantes químicos y patógenos.
Una vez presentes en el suelo agrícola, pueden alterar propiedades físicas como la porosidad o la retención de agua, además de afectar microorganismos esenciales para la fertilidad.
También preocupa su entrada en la cadena alimentaria, ya que se han detectado partículas en distintos productos destinados al consumo humano.
Cómo llegan los microplásticos al campo
La mayoría de los microplásticos agrícolas proceden de la degradación de materiales plásticos utilizados en producción.
Entre las principales fuentes destacan:
- Acolchados agrícolas deteriorados.
- Tuberías y mallas plásticas degradadas.
- Compost y lodos de depuradora.
- Recubrimientos poliméricos de semillas y fertilizantes.
- Agua de riego contaminada.
- Fragmentación de residuos plásticos mayores.
Además, textiles sintéticos, desgaste de neumáticos y polvo urbano contribuyen a la contaminación general del entorno.
Los alimentos donde más se detectan
Diversos estudios han confirmado la presencia de microplásticos en alimentos de consumo habitual.
Entre los productos con mayores concentraciones destacan:
- Pescados y mariscos, especialmente moluscos filtradores.
- Frutas y hortalizas como manzanas, zanahorias o lechugas.
- Sal marina y azúcar.
- Agua potable y embotellada.
- Bebidas y alimentos envasados.
Los investigadores señalan que las partículas pueden transferirse a través de distintos niveles de la cadena trófica, aunque todavía se estudia el alcance real de esta acumulación.
Impactos potenciales en salud y producción
La principal preocupación científica no es una toxicidad inmediata, sino la exposición continuada a bajas concentraciones.
Entre los posibles efectos se investigan:
- Alteraciones en la microbiota del suelo.
- Pérdida de fertilidad agrícola.
- Transporte de pesticidas y metales pesados.
- Respuestas inflamatorias y estrés biológico.
- Riesgos asociados a enfermedades digestivas y ciertos tipos de cáncer.
No obstante, la comunidad científica insiste en que todavía faltan estudios concluyentes sobre los efectos a largo plazo.
Estrategias para reducir el problema
El sector agroalimentario ya explora distintas soluciones para reducir la contaminación por microplásticos.
Entre las principales estrategias destacan:
- Uso de plásticos biodegradables certificados.
- Desarrollo de biopelículas y envases comestibles.
- Refuerzo de la economía circular y la logística inversa.
- Recuperación adecuada de mallas, tuberías y films agrícolas.
- Aplicación de tecnologías de agricultura de precisión.
Los expertos coinciden en que el objetivo no es eliminar completamente el plástico, sino utilizarlo de forma más eficiente y evitar que termine acumulándose en suelos, aguas y alimentos.
Fuente: www.plataformatierra.es